America, Argentina
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DIVERSIDAD CULTURAL, EJE TRANSVERSAL DE LA LUCHA POR OTRO MUNDO POSIBLE

Eleazar López Hernández
Centro Nacional de Ayuda Misiones Indígenas. 2007

  1. INTRODUCCIÓN
    . La globalización actual del mercado está imponiendo una concepción uniformizante de la economía, de la vida y de la humanidad misma

. Esta globalización produce una diversidad injusta de clases sociales (pobres y ricos; explotados y explotadores; excluidos e incluidos)

. Pero no reconoce la diversidad legítima que está en los modos de vivir y de humanizarnos, porque le cuestiona y amenaza:   únicamente "o conmigo o contra mí" partiendo a la humanidad en globalifóbicos o globalifílicos.

. La diversidad humana es muy amplia como la diversidad de la vida; es de género, de color de piel, de culturas, de religiones, etc.

. La diversidad es legítima y válida en cuanto que no se origina en la desigualdad, ni lleva a la discriminación o a la injusticia.

. Cuando esta diversidad legítima está en riesgo, como ahora, surgen movimientos sociales para defenderla

. Estos movimientos plantean la necesidad de un mundo nuevo donde quepan muchos mundos.

 

  1. CAMINOS HACIA LA DIVERSIDAD

. La lucha indígena se ha ubicado en esta vertiente: salvaguardar la legítima diversidad humana en un proyecto nuevo de sociedad  sin discriminación de género, de clase, de cultura, de vivencia religiosa

. En un anhelo de ecumenismo amplio que construye la casa de Dios como digna casa de todas y de todos, la Teocatzin de Guadalupe.

. Es la armonización de la diversidad humana ("toda nación, raza, lengua y pueblo", Ap 14,6) en un proyecto de vida en plenitud (cf. Jn 10,10)

. La diversidad armonizada es parte fundamental de la misión de la Iglesia en la tierra.

 

  1. LA DIVERSIDAD EN NUESTRA REALIDAD ECLESIAL

. Sin embargo, esta esperanza escatológica no necesariamente coincide con la práctica cotidiana de las iglesias en particular:  "Me mandas a un lugar donde no ando y no paro" dijo Juan Diego a la Tonantzin cuando ella lo envía al Obispo Zumárraga

. La razón es porque, habiendo venido en los mismos barcos que los conquistadores, los dirigentes de la Iglesia se pusieron en los mismos sitios de poder que aquellos.

. Un mundo así no da cabida digna al pobre.

. Históricamente hablando en nuestras iglesias la diversidad indígena ha sido considerada más un obstáculo que un aliciente en la implantación de modelos concretos de vivencia de la fe y de la eclesialidad.

. La no aceptación de diversidad dificulta a la Iglesia la comprensión, valoración e inclusión del conquistado y de su mundo cultural y religioso dentro de ella.

. Por eso no se propuso en serio transferir en manos indígenas la conducción de la Iglesia. Esto obligó al surgimiento de la religiosidad popular con características autonómicas.

 


  1. SOLIDARIDAD DE LA IGLESIA CON LOS VENCIDOS Y LOS DIFERENTES

Algunos miembros de la Iglesia comprendieron que su lugar era al lado de los vencidos, pero tuvieron que enfrentar a sus propios correligionarios.

 . Cada bando argumentó que actuaba conforme a las exigencias de la fe cristiana

. En la Iglesia ha habido desde el principio varias maneras de resolver la diversidad:

  a) Anulando la diversidad con la aceptación de una iglesia étnica sólo para judíos

  b) Incluyendo la diversidad sometiéndola al grupo dominante, es decir, con una Iglesia que acepta a los paganos pero judaizados

  c) Aceptando la diversidad en una Iglesia que es para "toda nación, raza, lengua y pueblo"

 

. Esta última puede tener dos modalidades:

  1) En la unidad, que usa una cultura hegemónica como medio de interrelación de las diversidades.

  2) En la unidad de diversidades en paridad, sin una cultura hegemónica.

 

  1. LA EXPERIENCIA INDÍGENA

. En cuanto a los indígenas, la experiencia dominante de la Iglesia ha sido la exclusión de la diversidad cultural y religiosa como único modo de mantener la unidad

. En la historia varios experimentos se hicieron en otras líneas, pero no se consolidaron institucionalmente

. El pueblo, mediante la Religiosidad Popular, ha hecho procesos para incluir su diversidad en la Iglesia

 

  1. EL KAIRÓS DE APARECIDA

. Este mismo desafío se presentó en Aparecida, pero ahí los indígenas abrimos espacios a la esperanza:

  -La realidad de los pobres, sus nuevos rostros masacrados, y la irrupción de la diversidad humana  interpelaron fuertemente la creatividad misionera

  y pastoral de la Iglesia.

  -Quienes defendimos la perspectiva de los pobres y de la diversidad humana insistimos en la necesidad de poner a la Institución eclesiástica al lado

  de estos sectores y en los zapatos de ellos para entender y asumir sus legítimos reclamos.

  -En los que atacaban nuestras propuestas se acentuaba que no era la fe sino ideologías lo que mueve nuestra lucha. En consecuencia ellos sólo abrían

  puertas, por ejemplo, a la aceptación de los indígenas como pobres que deben ser integrados al conjunto considerado bueno, a quienes hay que evangelizar y moldear cultural y religiosamente, pero no como sujetos de la renovación de la sociedad y de la Iglesia.

  -Por eso el debate fue intenso y dos paradigmas bíblicos se usaron para posibilitar el intercambio: El del Concilio de Jerusalén y el de Pentecostés. Del Concilio de Jerusalén se planteó sobre todo el método para armonizar posiciones diferentes discutiendo con toda la pasión necesaria, pero

   llegando al final a decir: "El Espíritu Santo y nosotros hemos decidido...". De Pentecostés se tomó el ideal a llegar, donde la diversidad de lenguas y

   culturas no es un obstáculo para alabar al único Dios verdadero, de todos los pueblos del mundo.

   -El Papa introdujo el tema, desde el inicio, cuando habló maravillas del mundo indígena y señaló que las "auténticas culturas no están cerradas en sí mismas ni petrificadas en un determinado punto de la historia, sino que están abiertas, más aún, buscan el encuentro con otras culturas, esperan

   alcanzar la universalidad en el encuentro y el diálogo con otras formas de vida y con los elementos que puedan llevar a una nueva síntesis en la que

   se respete siempre la diversidad de las expresiones v de su realización cultural concreta..."1

   -Sin embargo, dos infortunadas frases del Papa en el discurso inaugural, al afirmar que: "El anuncio de Jesús y de su Evangelio no supuso, en ningún

    momento, una alienación de las culturas precolombinas, ni fue una imposición de una cultura extraña", y al añadir: "La utopía de volver a dar vida a

    las religiones precolombinas, separándolas de Cristo y de la Iglesia universal, no sería un progreso, sino un retroceso. En realidad sería una

     involución hacia un momento histórico anclado en el pasado"2, suscitaron una reacción violenta de varios líderes indígenas de todo el Continente; lo

     que puso en tensión a la Conferencia de Aparecida y exigió de ella clarificaciones y rectificaciones.

     Podemos decir que, por causa de los indígenas, emergió en Aparecida y tuvo que ser analizado, no sólo el tema de los pobres sino el de la              diversidad humana y sus exigencias a la Iglesia. Los debates fueron muy fuertes, pero al final se pudo sostener que estamos en un kairós; en un    momento nuevo que nos desafía y nos reta a cumplir con nuestra misión evangelizadora en un contexto nuevo y con actores nuevos.

 

  1. DESPUÉS DE APARECIDA

-Como balance final de Aparecida, la conclusión es que la opción preferencia! por los pobres se mantuvo y se profundizó; los pueblos indígenas, con nuestros valores y problemas, con nuestras preocupaciones y luchas por la vida, nos mantenemos como un acicate importante en la Iglesia. Somos, por nuestro bautismo, parte de ella y nos convertimos en discípulos que han sido enviados por el Señor a contribuir en la salvación del mundo. En la Iglesia se nos ofrece reconocimiento, solidaridad y apoyo para resolver nuestros problemas y para alcanzar nuestros anhelos culturales, que tienen que ver con la vida plena prometida por nuestro Señor Jesucristo y con la utopía soñada por nuestros antepasados.

-En consecuencia podemos concluir que las espinas que indudablemente hubo en esta milpa de Aparecida, no serán suficientes para ahogar las preciosas, rozagantes y perfumadas flores que el Espíritu de Dios hizo brotar en la Iglesia para Gloria divina y Vida humana ("Gloria Dei, vivens homo": San Ireneo). Sin que nosotros lo hubiéramos pretendido así, esas mejores flores y también algunas espinas tienen que ver con los indígenas del continente, y nos interpelan a todos, indios y no indios, pastores y fieles, para mantener con firme esperanza la lucha que hemos retomado de nuestros antecesores a fin de abrir en la sociedad y en la Iglesia mayores espacios para la reconstitución de las comunidades indígenas como sujetos de la historia y de la fe cristiana, y para construir el proyecto indio en el horizonte amplio de "otro mundo es posible", como camino histórico hacia el Reino de Dios.

 

1Benedicto XVI, discurso inaugural de Aparecida

2 Ibidem

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