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EMERGENCIA INDIGENA ACTUAL EN AMERICA LATINA
Algunos puntos para reflexión

  1. Emergencia indígena ¿en qué sentido: como crisis provocada por un desastre o como puesta en pié de los pueblos indígenas para exigir derechos conculcados?

En ambos sentidos vale pena reflexionar sobre la emergencia indígena actual:

 

  1. Emergencia indígena en el pasado remoto

 

  1. Emergencia indígena en los 500 años

La conquista y la implantación de la sociedad colonial acabaron prácticamente con el 100% de la población  indígena en el Caribe, el 99% en el Brasil y en los Estados Unidos, y el 90% en el resto del Continente. No ha habido mayor desastre humano que ése en nuestra historia: “Tumbaron nuestras hojas, cortaron nuestras ramas, quemaron nuestro tronco, pero no acabaron con nuestra raíces” (Pop Wuh). De ahí retoñamos nuevamente y aquí  estamos. Nos negaron totalmente nuestros derechos (humanos, económicos, sociales, culturales y religiosos) imponiéndonos una identidad foránea: nos hicieron indios. Pero no nos acabaron. Ahora tenemos de nuevo la misma población que existía en el momento del choque. Las estrategias de la emergencia indígena en estos 500 años han sido muy variadas:

a)   Confrontación violenta: Con las armas en la mano decir NO al invasor. Hubo en la época colonial infinidad de levantamientos, sublevaciones, rebeliones indígenas, que casi no son conocidos en la historia de los países actuales. Algunos tuvieron éxito momentáneo. La mayoría dieron pié a represiones terribles que aniquilaron a la clase dirigente y sabia de nuestros pueblos, especialmente entre los pueblos de las grandes civilizaciones.

b)   Automarginación: Huir a las montañas, evitando el contacto con los invasores. Esto lo hicieron sobre todo los más pobres (Tayazal en Guatemala, Machupichu en Perú) y los pueblos nómadas o seminómadas como los de Áridoamérica (Norte de México y Sur de Estados Unidos), los amazónicos, los australes como los Mapuches de Chile y Argentina). Coincidentemente estos pueblos no eran considerados estratégicos para los intereses de la sociedad colonial (pues no tenían oro ni plata) y se les dejó vivir automarginados durante mucho tiempo (los indígenas de Áridoamérica  y los mayas de Tayazal se sostuvieron autónomamente durante 200 años después de la conquista); los amazónicos y del Chaco prácticamente se mantuvieron sin contacto con el exterior hasta muy recientemente.

c)    La integración acrítica: Meterse de lleno a la sociedad dominante renunciando totalmente a la identidad propia. Hubo indígenas que, pensando que serían liberados de los problemas de relación que tenían con otros hermanos indígenas, se entregaron  y se aliaron a los invasores  y colaboraron con ellos para la implantación de la sociedad colonial. Eso hicieron los tlaxcaltecas, parte de los zapotecas en México y de los quichuas en los Andes. Muy pronto se dieron cuenta de su error pues fueron tratados más duramente que quienes se opusieron a los conquistadores.

d)   Integración crítica: “Sí, pero no”. Fue la estrategia más recurrente: meterse al sistema sin dejarse absorber por él. Lo que llevó a la doble pertenencia y fidelidad: hacer todo lo que la sociedad dominante exige, aprovechando sus ventajas, y al mismo tiempo cumplir con las tradiciones ancestrales del pueblo; ser bilingüe en el idioma, en la cultura y en la religión.

 

Así transcurrieron los 500 años. Poco a poco pasamos desapercibidos, nos hicimos invisibles y sin interés para la sociedad envolvente. El no hacer ruido nos protegió un poco. Y cuando cayó el modelo colonial y surgieron las actuales naciones latinoamericanas éstas no tomaron en cuenta a los pueblos indígenas. Y así pasaron muchos años más hasta que el mismo sistema, apoyado en el liberalismo, necesitó expandirse y se fue sobre los territorios y recursos indígenas. Fue entonces que se rebelaron de nuevo los pueblos indígenas en México y Guatemala en el siglo XIX. Los Kunas hicieron su levantamiento de 1926 y ganaron su autonomía, los pipiles de El Salvador se levantaron en 1932 y fueron aniquilados casi por completo; los que sobrevivieron tuvieron que ocultarse revistiéndose de ladinos.

 

  1. La emergencia reciente (1970-2007)

 

  1. La emergencia indígena en la Iglesia

o    Los habitantes de estas tierras son indios, es decir, gente sin razón, sin policía (sin buen gobierno), sin cultura, sin religión. Sólo nacieron para obedecer. ¡Quién sabe si son capaces de recibir la fe cristiana!

o    Los indios sí caben en la Iglesia, pero han de ser como los españoles y someterse a la cristiandad (religiosa, social, cultural y políticamente).

o    Los indios son como niños que entran en la Iglesia para ser  guiados por ella y protegidos contra los abusos de los encomenderos; pero no pueden ocupar cargos de importancia en la institución eclesiástica: p.e. no pueden ser religiosos ni sacerdotes.

o    Los habitantes de este continente son los únicos capaces de vivir la fe cristiana, porque son el nuevo mundo, la nueva humanidad, en quienes las utopías de la cristiandad e incluso la Iglesia de los Apóstoles tienen más posibilidades de realización. Fue lo que llevó al sueño de una Iglesia indiana apoyada en Repúblicas de indios, y en ministerios eclesiásticos (incluido el sacerdocio y el episcopado) en manos indígena. Entonces la emergencia y el protagonismo indígena fueron valorados e impulsados (cf. Seminario indígena de la Santa Cruz de Tlaltelolco, México). En este contexto se explica el evento guadalupano, que unió lo indígena con lo cristiano occidental.

Así trascurrieron 300 años para los indígenas con una pertenencia limitada a la Iglesia, pero con una religiosidad popular exuberante hecha por yuxtaposición, sobreposición, sustitución, y a veces también síntesis, de las religiones indígenas y de la religión cristiana, que componen ahora el alma de nuestros pueblos.

o    Primero como “pobres”, que exigen opción preferencial  (Medellín 1968)

o    Luego como “los más pobres de entre los pobres” (Puebla, 1979), que requieren solidaridad;

o     Posteriormente como los “diferentes”, los “otros” que merecen una atención especial (“pastoral indigenista”);

o     Más recientemente como protagonistas dentro de la Iglesia y “ejemplo a seguir” o alternativa de vida en muchos aspectos,  (Santo Domingo, 1992);

o    Y últimamente como “kairós” de gracia para la Iglesia (Aparecida, 2007) y poseedores de valiosas semillas del Verbo que son planteamientos religiosos dignos de ser tomados en cuenta en el diálogo interreligioso.

 

Ya no se habla tanto de optar por los indígenas, sino optar con los indígenas por la vida en plenitud, por un mundo más justo y humano, donde quepamos todos con dignidad, con la dignidad querida por Dios, conquistada por Cristo y soñada por los antepasados.

En esta perspectiva se ubica la lucha por “Iglesias autóctonas”, con Teología india, con diaconado indígena, con liturgia inculturada.

 

La emergencia indígena actual desafía radicalmente a la Iglesia (p.e. las protestas indígenas ante algunas palabras del Papa) exigiendo cambios profundos en sus esquemas clásicos de comprensión, de vivencia y celebración de la fe cristiana, pero desafía actualmente a las sociedades nacionales planteando nuevos proyectos de nación donde los indígenas no seamos sólo objeto de derecho, sino sujetos de derecho, como verdaderos pueblos que existían aquí mucho antes que las naciones actuales

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