America, Argentina
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    MENSAJE DE NAVIDAD

    Grupo de Curas en la Opción por los Pobres



    “Les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo” (Lc 2,10)

    Hace más de dos mil años José y María buscaban lugar para que el Hijo de Dios puediese “acampar” entre nosotros y nosotras (cf. Jn 1,14). La opresión del imperio romano ahogaba la economía del pueblo de Israel y se hacía sentir en quienes habían sido excluidos de la mesa de la vida. El sistema religioso judío se había tornado leguleyo y rígido, hipócrita y alejado de la vida del pueblo más pobre. Pero en el Niño de Belén viene Dios a encender la esperanza de todos y todas, especialmente la de los más humildes de entonces y de ahora.

    Hoy como ayer creemos que la Navidad es un canto de esperanza. Es anuncio de algo nuevo que Dios quiere hacer en la humanidad. Y especialmente es el anuncio de buenas nuevas a los pobres (cf. Is 61,1).

    Por eso nuestra esperanza cristiana se une a la esperanza puesta por nuestro pueblo en este nuevo tiempo en la democracia de la Patria. Todavía resuenan en nosotros las vivencias del pasado 10 de diciembre. Volvieron a escucharse palabras de consuelo para el bien de nuestro pueblo, para la vida de los más frágiles.

    Los propósitos asumidos por el nuevo gobierno nos inspiran confianza. Se atenderá con urgencia el hambre y el endeudamiento de nuestro pueblo. Pagaremos a los acreedores, pero no a costa de la vida del pueblo y de los pobres. Volvimos a escuchar la necesidad de integrarnos a la Patria Grande. Malvinas y su soberanía volverán a ser asuntos de Estado. Se cuidará de la tierra y de los recursos naturales como nos pide Francisco en “Laudato Si”. Se declara la emergencia social. Se volvió a pronunciar el “nunca más” que promete sanear el sistema judicial y acercar a todos y a todas una justicia largamente esperada. No se respaldará la política de la represión y el gatillo fácil. Ya no se sostendrán fondos secretos y reservados. Escuchamos que la mujer y los jóvenes estarán en el centro de la preocupación de este nuevo gobierno. Se buscará crecer en federalismo.

    Escuchamos a un presidente expresar estos propósitos. Confiamos en su sinceridad, en que no se trata de otro engaño: es lo que Dios y nuestra Patria le demandan. Sabemos que no será fácil “poner de pie” a nuestra querido país. Todavía hay deudas pendientes como la de nuestras presas y presos políticos. Las fuerzas de quienes tienen intereses mezquinos siguen vigentes. No todos adhieren a este sueño colectivo de felicidad sin exclusiones.

    Pero esta Navidad nos ofrece una nueva esperanza. La celebramos. Como grupo de curas seguiremos caminando junto al pueblo y a los pobres. Y, con ellos, estaremos atentos para recordarle a nuestro presidente si algo de lo anunciado quedó en el mero discurso.

    ¡Feliz Navidad!

     

    Secretariado del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres,
    Navidad de 2019

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    Twitter @GrupoCurasOPP

    (97)

    HA PARTIDO UN PROFETA Y PASTOR

    (Comunicado del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres)


    La noticia de la muerte de Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Rio Negro inundó nuestros casilleros; en casi todos se decía más o menos lo mismo: ¡falleció un grande! Y no nos cabe duda señalar que así fue. Un grande.


    Cuando todos los que se creían grandes se empequeñecían día tras día, un muy reducido grupo de obispos entendió el dicho de Jesús: “quien quiera ser grande, hágase servidor de ustedes” (Mt 20,26). Y don Miguel fue un grande: fue servidor de su pueblo en la provincia, fue servidor de las comunidades, con un sínodo que marcó rumbos (muchos después no seguidos) y servidor de las víctimas del genocidio y la dictadura. No era fácil. Quizás los pequeños no soportan la grandeza servicial, o quizás, los que se creen grandes, no soportan la gigantesca pequeñez de los profetas, de los sabios, de los pastores que arriesgan su vida.

    Soportó las críticas feroces. Debió soportar (como otro grande, Paulo Evaristo Arns) que su diócesis fuera dividida en varias e incluso su discurso de recepción al Papa fue recortado en su alusión a Enrique Angelelli.

    La luz de su obispado, como otras (pocas), fue un faro para la Iglesia, y aunque haya sido cuestionado, criticado y ninguneado, él sí pasará a la historia de la Iglesia argentina como un obispo en serio. Así resultó un “servidor creíble” testigo de las cosas de Dios (Heb 3,5).

    Miguel querido, sin formalismos te decimos “¡descansá en paz!”, somos varios que esperamos, al menos en parte, seguir tus huellas, andar tus caminos y levantar, como lo hiciste, la voz en defensa y servicio de tu pueblo. Gracias, grande. Muchas gracias.

     

     

    Secretariado del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres,
    2 de diciembre de 2019

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Mensaje a nuestro pueblo

al concluir el 20° encuentro anual de los curas en la Opción por los Pobres


Como curas en la opción por los pobres, nos hemos reunido en nuestro 20° encuentro anual. Hemos compartido nuestras experiencias, alegrías y dolores. Hemos mirado nuestra vida, y el caminar "andando nomás" junto al pueblo sufrido y sufriente del que somos parte y hermanos. Hemos mirado también los dolores cotidianos de las multitudes de hermanas y hermanos de nuestros pueblos, barrios, y comunidades. Sabemos y vivimos a diario sus lágrimas y sus causas, y conocemos los dolores, tantas veces silenciados por la publicidad oficial, por las prebendas o el clientelismo, el punterismo o la explotación. Sabemos que esas causas muchas veces tienen nombre y apellido, tienen residencia local o extranjera, y tienen bendición de autoridades o instituciones.

+ no aceptamos ni creemos en las razones económicas y fundamentalistas que siguen sumiendo al mundo en la inseguridad cotidiana de la guerra, que siempre es fratricida, y siempre provoca víctimas entre los pobres y los más débiles: en Irak, en Afganistán, en el Líbano y en el desangrado continente africano; creemos que la paz con justicia y el respeto por la dignidad de los pueblos es un camino arduo y genuino de solidaridad universal;

+ no aceptamos ni creemos en la sistemática presión patoteril de los "dueños del mundo" que amenazan países, engendran leyes, provocan acuerdos desiguales, y violan la paz; creemos que si una voz debe escucharse doblemente como clamor que sube al cielo, es la voz de las víctimas, los explotados y nos amenazados;

+ no aceptamos ni creemos en aquellas voces internas que sólo miran su propio interés sin mirar el bien común, y el bienestar de los más pobres: envenenando suelos con cianuro, arsénico o pesticidas, contaminando ríos, apropiándose de tierras usurpadas a los legítimos dueños originarios, o monopolizando el agua y la biodiversidad, que son propiedad de todo el pueblo; creemos que el bien común, y especialmente el bien de los pobres debe ser el motor que mueva la sociedad y garantice un futuro y una tierra para todos;

+ no aceptamos ni creemos en el "imperialismo internacional (y nacional) del dinero", y la prosecución del único criterio idolátrico del lucro a cualquier costo; creemos que la fraternidad es un bien muy superior, y que es auténtica garantía de paz y dignidad;

+ no aceptamos ni creemos en la manipulación de la política para provecho personal, para acaparar más y más poder, o para encarar una oposición sistemática, y no para buscar exclusivamente el bien del pueblo; creemos que la voz de los pobres -que no es la palabra de las encuestas- y la  respuesta a sus clamores, debe ser el punto de partida de toda palabra y acción política;

+ no aceptamos ni queremos la reaparición de sectores defensores del genocidio y la dictadura, aunque lo hagan con una constitución en la mano; creemos que la memoria es base sólida para nuestro presente y para gestar nuestro futuro con plena vigencia del respeto a los derechos humanos;

+ no aceptamos ni creemos en los reclamos de "mano dura" en nombre de la seguridad, que ignoren la inseguridad de la desocupación, del desamparo de la salud, de la impunidad de la droga, de la crueldad del "gatillo fácil"; la violencia de las nuevas desapariciones y los crímenes impunes; y los reclamos que no juzguen con la misma mirada cuando las víctimas son los chicos pobres de nuestros barrios o pueblos; creemos que la paz es fruto de la justicia, y por tanto, la búsqueda empecinada por una verdadera justicia social e igualdad estarán en el origen de la verdadera seguridad y la paz;

+ no aceptamos ni queremos la injusta y creciente distribución de la riqueza, en la que -aunque nominalmente disminuya la desocupación- el salario no alcanza para cubrir las mínimas necesidades básicas, y donde "hay ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres"; creemos que donde hay una necesidad hay un derecho, y la justa distribución de la riqueza es el paso primero para que nazca la verdadera justicia social;

+ no aceptamos ni creemos en la idolatría de la propiedad privada, y reafirmamos que esta no es un derecho absoluto ya que creemos que "sobre toda propiedad privada grava una hipoteca social";

+ no aceptamos ni queremos la sistemática cooptación de las más legítimas luchas y reclamos, en los barrios, organismos y sindicatos, pretendiendo que no es genuino cualquier reclamo que no sea gestado por el ejercicio casi monopólico del poder; y creemos que el disenso, la tolerancia y el verdadero diálogo son las bases fundamentales para crecer como país en respeto y fraternidad.

Sabemos que la lucha por la vida es difícil porque son muchos los ministros de la muerte, pero sabemos que las huellas de los mártires de ayer y de hoy nos señalan un camino seguro de fidelidad y testimonio. La imprescindible memoria de tantas y tantos que dieron su vida por Jesús y por el pueblo son auténticos mojones en el camino. No olvidamos a laicos, catequistas, religiosos, pastores, curas y obispos que dieron su vida, que fueron matados para que desapareciera su testimonio. A los 30 años de sus martirios, no podemos ni queremos olvidar la "memoria subversiva" de Enrique Angelelli, de Ponce de León, de Carlos  y Gabriel, de Léonie y Alice, de Wenceslao Pedernera y Mónica Mignone, de Mauricio López y Elizabeth Käsemann, entre otros; ellos son testigos que hoy nos guían, una huella que desde hace 30 años nos señalan caminos. Pretendemos ver en ellos una voz de Dios que guía a su Iglesia, y a nosotros curas, por un camino que queremos reconfirmar de estar entre los pobres y ser "Iglesia de los pobres". Al reunirnos en nuestro 20° encuentro nacional de curas, queremos repetir con tantos y tantas que "otro mundo donde quepan muchos mundos es posible", "otra Iglesia es posible" y otra vida para todos, es posible. Y necesaria.

Florencio Varela, 24 de agosto de 2006

 

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