America, Argentina
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    EL PUEBLO QUE HABITABA EN TINIEBLAS VIO UNA GRAN LUZ (Isaías 9, 2; Mateo 4,16) 

    Las cristianos y cristianos nos preparamos para celebrar la fiesta de la Navidad, la memoria del nacimiento de Aquél que creemos que es Dios hecho uno de nosotros. Es para nosotros una fiesta de Luz, que nos hace ver nuestra realidad y nuestra historia de una manera nueva, distinta y contrastante con la manera habitual como las ve “el mundo”.

    El nacimiento de Jesús acaece en un momento oscuro de la historia del pueblo judío: dominado por una potencia extranjera, con parte de su territorio regido por un virrey, Herodes, impuesto por el imperio y con la complicidad de la élite religiosa. Oprimidos y exprimidos por impuestos que debían pagar al emperador, a Herodes y al Templo, sumidos en la pobreza y la miseria. Los evangelios nos describen un tiempo de oscuridad, pero también nos hablan de un tiempo preñado de esperanza, de un pueblo en ebullición: una esperanza puesta en la promesa de un Dios que no abandona a sus pobres y un pueblo que, a pesar de todo, no se resignaba a que las cosas fueran como eran.

    No son pocos los paralelos con el tiempo que nos toca vivir en nuestro país y en el mundo. Nuestro país ha resignado su soberanía, entregando su economía a los dictados del FMI y de potencias extranjeras. La complicidad activa o el silencio cómplice de gran parte de la a si misma llamada “clase dirigente” (gobernantes, políticos, empresarios, y también líderes religiosos) ve impasible −e incluso saca rédito de ello− cómo se condena a los pobres a ser cada vez más pobres. Un sacrificio impuesto, exigido en aras de un hipotético bienestar futuro del que seguramente disfrutarán otros.

    Así como en el tiempo de Jesús el “orden” sólo podía mantenerse por la presencia de las legiones romanas y por decretos como el de Herodes, mandando asesinar a inocentes (y con eso el futuro), también hoy el “orden” sólo puede ser impuesto por medio del miedo, por la vía liberada de la discrecionalidad en el uso de las armas por parte de los individuos pertenecientes a las fuerzas de seguridad. Pues, en definitiva, no es otra cosa el decreto herodiano emitido en estos días por el gobierno nacional. La criminalización de la protesta social, más aún, de la misma pobreza no conduce a una mayor seguridad, sino a una nueva causa de enfrentamiento en la sociedad.

    Nos preguntamos, como lo hace la mayoría de nuestro pueblo, cómo poner luz en estas tinieblas, cómo tener esperanza en estos tiempos de zozobra. Volver los ojos al Niño nacido en el pesebre, al Niño fugitivo escapando de Herodes, al Niño que creció en la pobreza del poblado de Nazaret, nos hace buscar en los pesebres de nuestras villas, en quienes tienen que abandonar su tierra para buscar un futuro seguro y digno, en los asentamientos y poblados donde la dignidad aflora en el esfuerzo cotidiano por seguir alimentando y educando a los hijos.

    Nos hace descubrir la solidaridad que crece en nuestro pueblo, la generosidad de quienes no temen recibir a los migrantes y lo hacen como si fueran de la familia, la generosidad con que se comparte entre los más pobres. Vemos la entrega de las y los docentes que, con sueldos de miseria, con un sistema educativo casi sin presupuesto, siguen abriendo a nuestros niños las puertas de un futuro más promisorio. La abnegación del personal de nuestros hospitales públicos desfinanciados, que siguen bregando para brindar un servicio gratuito y de calidad a nuestros enfermos. Y podríamos encontrar muchos otros ejemplos.

    Hay motivos para tener esperanza. No una esperanza en lo que venga de otros, sino una esperanza en nosotros mismos como pueblo. Se tejen entre nosotros redes solidarias que son signo de una dignidad compartida y no resignada. Se crece en la conciencia de los propios derechos, se los exige, aún en la calle y a riesgo de recibir “palo”.

    Queremos animarlos (y animarnos) a hacer crecer estas luces que, como las velas del Adviento, preparan el camino del Señor Jesús. A seguir siendo cada vez más solidarios, a crecer más todavía en la conciencia de nuestros derechos y a defenderlos. A exigir a quienes hemos dado por el voto el mandato de servir al bien común que obedezcan ese mandato.

    Por eso queremos, también, no sólo animar a nuestro pueblo a la solidaridad. Queremos llamar a la conversión a los responsables de la actual situación de nuestro país. Exigimos a quienes gobiernan, que pongan a los pobres en el primer lugar de sus preocupaciones y no de sus declamaciones: es un escándalo que en nuestro país falte el pan en la mesa de tantos hermanos y hermanas nuestros porque no pueden comprarlo, “no es posible morirse de hambre en la patria bendita del pan”. A los políticos, que abandonen intereses sectoriales y personales para pensar una Patria generosa y hospitalaria. A los empresarios. que pongan el bien común por encima del lucro. A quienes tenemos responsabilidad en la guía religiosa de nuestra Iglesia y de todas las Iglesias cristianas y a los guías de otras religiones, que seamos servidores de aquellos en quienes Dios puso su preferencia.

    Queremos dirigir un párrafo especial a los miembros de las “fuerzas de seguridad”. Recuerden que son parte de nuestro pueblo, que aquellos que por el “decreto herodiano” han quedado sujetos a su discrecionalidad pueden ser sus hermanos o hermanas, sus amigos, sus vecinos. No sólo no están obligados moralmente a obedecer un decreto inicuo: están obligados a no hacerlo. A la Justicia le exigimos declarar su inconstitucionalidad y su inhumanidad, de las que estamos convencidos.

    Así es como la Navidad sigue aconteciendo entre nosotros y se vuelve Luz para todos, incluso para quienes no comparten nuestra fe, pero, sí, hacen suya la causa de los pobres. Por eso, tantos que no creen siguen celebrando esta Fiesta de la Luz. ¡Que el Dios Bueno nos bendiga!

    Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
    6 de diciembre de 2018

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    UN PRESUPUESTO QUE SÓLO PUEDE IMPONERSE CON REPRESIÓN

    "Les aseguro que lo que hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron(Mateo 25,40)

    El gobierno nacional se vanagloria de la efectividad de la represión de “agitadores” ejercida ayer la zona del Congreso Nacional. Pero es evidente que la agitación que hemos vivido ayer en las calles porteñas, en el contexto de la discusión parlamentaria del presupuesto 2019, no comenzó en las filas de las organizaciones sociales que reclamaban pacíficamente que el Congreso mirara al pueblo.

    El verdadero origen de la violencia desatada ayer es la imposición de un presupuesto dictado por el FMI, que finalmente dice a nuestro pueblo lo que hasta ahora intentaron ocultarle: “no gobernamos para ustedes”. La desproporción de la represión ordenada por el gobierno y ejercida por la policía es una mezcla de amenaza y advertencia: están dispuestos a todo para intentar llevar adelante la política del déficit cero.
     
    Pareciera que el gobierno quería que sucediera lo que sucedió en las calles para justificar la instalación de un estado policial, necesario para poder sostener un presupuesto que condena a una enorme cantidad de la población al hambre y a la falta de salud y de educación. ¿Estarían queriendo infundir miedo para prevenir la posibilidad de un estallido social?:

    −    Los cascotes fueron distribuidos estratégicamente en las calles durante la noche y madrugada anteriores al inicio del tratamiento de la ley de presupuesto.
    −    Hubo provocadores infiltrados que hicieron entrar a una minoría violenta en el juego perverso de dar excusa a la racionalidad represiva.
    Por eso, y porque nos obliga el mandato evangélico de ver en nuestros “hermanos más pequeños” la presencia del mismo Jesús, queremos expresar nuestro más enérgico repudio a esta represión y a las políticas que sólo pueden sostenerse sobre ella.

    Grupo de Curas en Opción por los Pobres    
    25 de octubre de 2018
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Mensaje del grupo nacional de curas en la opción por los pobres

Florencio Varela, 21 de agosto de 2008

Como periódicamente, desde hace ya 22 años, nosotros, curas en la opción por los pobres nos hemos reunido en nuestro encuentro anual. Compartimos nuestra vida y nuestra experiencia que quiere ser cercana a los gozos y esperanzas, sufrimientos y dolores de nuestros hermanos y hermanas, particularmente de los pobres, víctimas de la injusticia y la in-solidaridad. Y en este compartir, hemos mirado y tenido presente a todos aquellos a quienes queremos acompañar en nuestro caminar cotidiano.

En nuestras comunidades, pretendemos estar cerca de todos, particularmente de aquellos que sufren. Y esperamos que ellos puedan saberlo en sus corazones, y perdonar nuestras limitaciones cuando no hemos sabido estar donde nos necesitaron o lo debimos.

Hemos comentado entre nosotros todo lo que hemos vivido y sufrido, a lo largo de todo este tiempo; particularmente en este último año. Obviamente hemos tenido miradas diferentes, y no tenemos una opinión unánime sobre todo lo que hemos vivido. Sí tenemos claro que queremos apostar nuestra vida "con los pobres de la tierra", porque esa es la apuesta de Jesús.

l. Como miembros de la Iglesia, queremos mostrar un modelo de Iglesia samaritana que empiece siempre desde los márgenes y reavive el estado de misión al que nos invitan los obispos en Aparecida, saliendo al encuentro y búsqueda de los caídos al borde del camino, y los que no tienen cabida en la sociedad;

2. Queremos escuchar el grito sordo o silenciado de las víctimas del modelo de exclusión y muerte, modelo perverso y genocida, para acompañar la búsqueda de valores alternativos que surgen de los gestos y palabras de Jesús;

3. En nuestras comunidades, queremos acompañar y trabajar alentando espacios de gratuidad donde todas y todos sean aceptados -aún en tiempos de confusión y mensajes mentirosos-, estando del lado de los pobres y denunciando todo lo que los perjudica;

4. Frente a los MCS, queremos invitar a nuestros hermanos y hermanas a tener una mirada y lectura crítica de la información que nos llega por medios que más que alentar la "libertad de prensa" proponen una "libertad de empresa" fieles a grupos económicos antes que a la búsqueda y comunicación de la verdad;

5. Queremos asimismo alertar por la enajenación de la tierra, los bosques, minas a cielo abierto, acuíferos y hasta paisajes por parte de capitales y manos extranjeras o multinacionales, algo que pensamos que sólo puede darse con el consentimiento o la complicidad de los gobiernos;

6. Y también queremos alertar ante el manejo de los símbolos que nos convocan como país o como comunidad de fe, como el uso de la escarapela o las imágenes de la Virgen de Luján con los que ciertos sectores intentan legitimar sus posturas; olvidan que la patria no la construye un sector sino toda la sociedad, comenzando desde los márgenes, y que la historia de Luján va asociada desde los orígenes al "Negro Manuel"; el custodio e hijo predilecto de aquella que festeja que Dios "derriba del trono a los poderosos y eleva a los humildes"; el que no acepta ya ser esclavo de los hombres sino ser "de la Virgen, nomás".

7. Para nuestro país, queremos renovar nuestra apuesta por la democracia, aunque la pretendemos siempre más participativa, con un lugar privilegiado para los pobres, indígenas y campesinos; con una justa distribución de la riqueza. Y por lo mismo repudiamos la presencia de la IV Flota de los EEUU, así como todo intento de militarización con la excusa del narcotráfico y el terrorismo. Pero en esa democracia, a la que pretendemos cada vez más justa e inclusiva, no podemos olvidar que el hambre es un crimen, y queremos enfrentar ese flagelo que afecta particularmente a los niños, indígenas y pobres.

8. Creemos que se está dando una discusión sobre el modelo de país, y -por lo tanto- pretendemos una patria donde quepan todos, donde todos sean incluídos en la mesa de la vida recordando que "sobre toda propiedad privada grava una hipoteca social";

Sabemos que vivimos tiempos difíciles, con muchas cosas poco claras, y queremos agradecer a todos aquellos y aquellas que nos ayudan a mirarlas con nuevos ojos, y a quienes disculpan nuestras limitaciones. Queremos renovar nuestro caminar en el seguimiento de Jesús, el profeta asesinado, resucitado por Dios que confirma la apuesta de su Hijo por un reino de fraternidad y de vida; y como pueblo de hermanos y hermanas alentar una mesa donde quepan todos y todos tengan el con qué.

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