America, Argentina
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    TESTIGOS DE LA VIDA

    Mensaje pascual de los Curas en la Opción por los Pobres

     

    «Ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan» (Lucas 24,35)

    Este año nos toca vivir la Pascua en medio de esta pandemia que se presenta como una amenaza a la vida. Sabemos que el aislamiento social al que nos sometemos es el único camino para salvar vidas, pero nos hace sentir que nos falta el abrazo de los que queremos, el que nos hace sentir acompañados y cobijados. Que nos falta el intercambio de la palabra hablada, la que nos permite entender juntos el camino que recorremos. Escribirla no es lo mismo, aunque ayude.

    Y, sin embargo, nos reconocemos en medio de la tragedia como una única humanidad. La humanidad entera, como en otras pocas coyunturas históricas, se ve obligada a re-conocer que estamos todos “en el mismo barco”. Y no somos pocos los que nos sentimos, como los apóstoles en los evangelios, a punto de zozobrar. Pero este reconocimiento, que se teje de angustias colectivas, custodia semillas de esperanza.
    No nos cabe duda de que esta pandemia ha desnudado los fundamentos mezquinos sobre los que se construyó el orden económico y político dominante hasta ahora: el neoliberalismo ha demostrado su desprecio por la vida. Los mismos, que en su afán de lucro y poder han creado las condiciones para la rápida extensión de la pandemia, son los que hoy pretenden salir indemnes de ella, sin poner en juego un centavo de sus ganancias, aunque mueran cientos de miles de seres humanos para ello (por supuesto, los más vulnerables).

    Pero también nos ha revelado, en la calidad humana de quienes se juegan la vida para atender la salud y las necesidades básicas de nuestra sociedad, que de nosotros puede salir algo mejor. Que es posible vivir de otra manera. Gestos de solidaridad que se multiplican y nos muestran que no todo está perdido.

    La gran pregunta es cómo saldremos de esta coyuntura (coyuntura es lo que nos liga y articula), si mejores o peores. ¿Quiénes serán determinantes para dar forma al “día después”?, ¿los que ponen la política y la economía al servicio de la vida o los que querrán seguir poniendo la vida (las vidas concretas) a disposición del lucro y el poder?

    Quienes creemos en el Resucitado, en el que triunfa sobre la muerte, sabemos que lo reconocemos, como los discípulos de Emaús, al partir y compartir el pan. Si queremos salir mejores de esta pandemia, si queremos una humanidad para la cual la vida de todos y todas, la vida de cada una y cada uno sea indispensable, sólo podemos hacerlo gestando sociedades que se organicen desde el «partir el pan». Desde el pan compartido y para compartir el pan debemos darle forma a lo que viene. Cada uno desde su lugar.

    Creemos que en nuestro país, particularmente, se han hecho opciones que apuntan a servir la vida. Aunque no falta la miseria de quienes quieren volver a construir desde el egoísmo y la mezquindad, de quienes manifiestan todavía el desprecio por la vida de los más pobres, nos alienta que la gran mayoría de quienes habitan este suelo bendito entien-den y aceptan que de esta crisis sólo se sale priorizando y sirviendo a la vida.

    Por eso damos gracias a las autoridades de todos los niveles y colores políticos que se han avocado contra viento y marea a trabajar juntos al servicio de la vida, a las y los trabajadores de la salud que ponen su vida en riesgo para atender a los enfermos, a quienes desempeñan tareas, muchas veces en situaciones de riesgo, sin las cuales la sociedad dejaría de funcionar, a todos y todas las que salen a la calle cada día para garantizar que podamos cumplir con este aislamiento de la mejor manera posible. Son hoy, creemos, una cara visible de Jesús resucitado.

    ¡Feliz Pascua a todo nuestro pueblo! Con ustedes apostamos por la vida.

    Secretariado del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
    12 de abril de 2020

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    ES HORA DE CRECER EN LA SOLIDARIDAD

    Grupo de Curas en la Opción por los Pobres


    «Ayúdense mutuamente a llevar las cargas, y así cumplirán la Ley de Cristo»
    (Gálatas 6,2)

    Vivimos horas difíciles en la Argentina y el mundo. La crisis de salud ocasionada por el coronavirus, que además ocasiona una crisis económica de alcance mundial, pero que afecta a cada país de manera diferente, nos obliga a repensar muchas cosas a nivel personal y también como sociedad.

    Las instituciones y autoridades sanitarias de todos los niveles han urgido a tomar medidas de «aislamiento social» como lo más efectivo para desacelerar el avance de la enfermedad y poder tratar más efectivamente a los que son más vulnerables al contagio y a la acción del virus. En nuestro país, como en muchos otros, se ha decretado una cuarentena por lo menos hasta el fin de mes.

    Estar aislados en nuestros hogares las 24 horas del día es algo a lo que no estamos acostumbrados. Son, al menos, ocho horas más de convivencia obligada a las que cada familia deberá darle uso y sentido. Puede ser una oportunidad para estrechar los lazos familiares, y ésa es la mejor manera de manejarlo. Pero también puede ser la ocasión de ahondar otra pandemia que es la violencia familiar y de género: hay que estar atentos.

    Hay muchos habitantes de nuestra patria que no podrán cumplir con este asilamiento. Para empezar: el personal sanitario, los proveedores de bienes y servicios indispensables para la vida cotidiana, autoridades, etc. Pero muchos más son los que, por las condiciones precarias de su vida cotidiana, no tienen la posibilidad de cumplir efectivamente con las medidas decretadas.

    Es una situación en la que la presencia o ausencia del Estado, que debe velar por el bien común, aparecen en todas sus consecuencias. El empobrecimiento y el empeoramiento en estos últimos años de las condiciones habitacionales de la población más vulnerable y el deterioro de la salud pública, hace a los más pobres todavía más vulnerables. Hay que confiar que las autoridades sabrán atender estos «puntos débiles» de la cuarentena.

    Las medidas adoptadas por el gobierno nacional, acompañado por los estados provinciales (y con el consenso de la oposición) parecen ser las apropiadas y deben ser acompañadas por nosotros con responsabilidad y solidaridad con los demás. Nos hablan también de la importancia de la presencia del Estado, en particular de la Salud Pública, tan castigada en los últimos años. No es hora, aunque habrá que hacerlo en algún momento, de llamar a los culpables a asumir su cuota de culpa. Es hora de unirnos para actuar proactiva y positivamente para disminuir los riesgos, para hacernos responsables unos de otros y para crecer en la solidaridad, cumpliendo con las medidas implementadas. Es también hora de hacer cumplir las leyes a los egoístas e irresponsables que sólo piensan en sí mismos: es muy triste ver cómo, quienes tienen posibilidades económicas o sociales, no se hacen cargo de la situación que atraviesa nuestra sociedad y ponen en peligro a todos.

    No hay que ser alarmistas ni, mucho menos, apocalípticos. No hay que hacerse eco de falsas noticias y hay que recurrir a la información oficial. Las redes sociales están infectadas de estas «fake news» y de oraciones apocalípticas que generan una paranoia colectiva. No les hagan caso. Hay que rezar, sí, pero no pidiendo o invocando milagros caídos del cielo. Hay que rezar por los enfermos y los que los cuidan, por los profesionales que los atienden, por los investigadores que buscan una cura, por las autoridades que deben guiarnos en este momento, para que usen todas sus capacidades ordenadas al bien de todos.

    Como curas nos ponemos a disposición de ustedes para acompañar a nuestro pueblo desde lo que podemos y lo que nos permiten las circunstancias.

    Que el Buen Dios nos bendiga a todos y nos ilumine para hacer frente a este momento con solidaridad, caridad y justicia.

    Secretariado del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres.
    20 de marzo de 2020

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CARLOS MUGICA, ¡PRESENTE!

“Si el grano de trigo muere, da mucho fruto” (Juan12,24)

Un nuevo 11 de Mayo, a 46 años del martirio de Padre Carlos Mugica, nos vuelve a convocar con el compromiso de la Memoria. Y hacer memoria no significa una mera evocación de lo que pasó. Memoria es actualizar, en este presente histórico, las convicciones que llevaron a Carlos a dar la vida por los pobres hasta ser asesinado a la salida de la Parroquia San Francisco Solano.

La pandemia del coronavirus no nos permitirá celebrar la misa que habitualmente realizamos en esta parroquia de Mataderos. Allí no sólo no nos encontraremos ni abrazaremos los curas del grupo al que pertenecemos; y otros muchos curas que trabajan en medios populares alentados por la entrega de Mugica. Allí tampoco nos podremos abrazar este año con tantos y tantas que esperan ese día para decir con Carlos que “no tenemos miedo” y que, como él nos pidió, seguiremos estando en medio del caminar de nuestro pueblo más pobre.

Tampoco podremos abrazar a Norita Cortiñas y, en ella, a todas nuestras Madres. El 11 de mayo de 1974, su hijo Carlos Gustavo Cortiñas cumplía 22 años. Lo secuestraron el 15 de abril de 1977 en la estación de Castelar mientras esperaba el tren para ir al trabajo. Hoy celebraría 68 años. Norita, su hijo y las Madres estarán presentes en nuestra cordial oración. Como también, y sin lugar a dudas, estará Marta Mugica, hermana de Carlos, fallecida el pasado 1° de abril. Para nosotros también hermana y compañera de camino.

Pero, aunque extrañemos el calor de los abrazos, volveremos a elegir aquellos valores que guiaron a Carlos en su amor fiel hasta su muerte en esa vereda de Buenos Aires: su amor por Jesús y por los pobres; y su voz profética señalando a los crucificadores de sus hermanos y hermanas más vulnerables.

Carlos soñaba para sus pobres una Patria donde reinaran “el amor y la igualdad”. Ciertamente una Patria distante de aquellos que hoy viven más pendientes de la cotización del dólar que de aceptar que se grave algo de sus impúdicas riquezas en beneficio de los excluidos de los bienes de la tierra. Distante también de quienes miran hacia otro lado cuando a los pobres se les niegan los servicios esenciales en sus barrios, mientras golpean sus cacerolas alentados por noticias falsas e intereses inconfesables por contrarios a la vida del pueblo. Distante, también, de todo fundamentalismo religioso que señala a Dios como el mentor de la pandemia o pidiendo que les “devuelvan la misa”, sin importarles nada de los que siguen haciendo negocio con el dolor de los que sufren. 

No haremos la misa que nos congregue en la fecha del martirio de Carlos Mugica. Pero renovamos nuestro compromiso de seguir sus huellas: las de Jesús, las de tantas y tantos mártires argentinos y latinoamericanos.

 

Grupo de Curas en la Opción por los Pobres

11 de Mayo de 2020

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IMPUESTO A LAS GRANDES FORTUNAS

Declaración del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres

“Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón” (Lc 12,34)



El ritmo de los acontecimientos nos urge a unirnos a todo gesto que colabore con un mundo más justo. Un mundo donde nadie pueda sentir que sobra, que está de más. Un mundo donde nos preocupemos por el tesoro de la vida fraterna y sororal.

Lejos de este sueño, la pandemia que nos aqueja a nivel mundial ha dejado impúdicamente expuesta la desigualdad entre los seres humanos. Y nuestro país no escapa de este escándalo.

Hemos elogiado la prontitud en la respuesta del Estado a la emergencia sanitaria y alimentaria. Vemos con agrado la pronta reacción a las dificultades que va generando el aislamiento. Vemos, con dolor también, las consecuencias económicas que suponen estas medidas extremas; y que afectan a los sectores más postergados.

A las puertas de un nuevo debate parlamentario que busca hacer ley un “impuesto de emergencia a las grandes fortunas” creemos oportuno expresarnos.

En una entrevista del diario La República, de Italia, el Papa Francisco expresó: “Nuestro comportamiento siempre afecta la vida de los demás”. Y prosiguió: “… es evidente que los que no pagan impuestos no sólo cometen un delito sino un crimen”.

No sólo creemos que este impuesto es necesario, sino también que no debiera ser sólo para esta contingencia de la emergencia sanitaria por el covid-19, sino un impuesto permanente en favor de los más pobres y de una mayor equidad en el cuerpo social (como ya existe en muchos países que suelen usar de ejemplo económico muchos de los que aquí se oponen a ello).

Sabemos que hay muchos intereses para presentar esta iniciativa con adjetivos confiscatorios o buscando generar temor en la población. Hay medios de comunicación trabajando en este sentido. No será fácil esta lucha. Pero siempre será una lucha por una Patria más justa y más fraterna.

Desde nuestro humilde aporte queremos convocar a todos y a todas los que quieran sumarse a respaldar esta iniciativa. Creemos que es el momento de vislumbrar un país más justo. El virus “invisible” ha dejado expuesto aún más el virus de la injusticia, nuestra injusta vida social, la ha puesto ante nuestros ojos, la ha hecho más “visible”. Es una ocasión de dar un paso hacia una mayor igualdad.

Que nuestros mártires Enrique Angelelli, Wenceslao Pedernera, Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, en el aniversario de su beatificación, nos marquen el camino a una Patria solidaria.


Secretariado del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
27 de abril de 2020

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