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Mensaje de Navidad 2008

Fin de año es -habitualmente- tiempo de balance, evaluación. Tiempo de revisar y de mirar a la cara nuestra vida. Comienzo de año, también habitualmente, es tiempo de proyectos, deseos, sueños. Precisamente porque la noche da comienzo al día, se vuelve bisagra entre unos y otros, se transforma en tiempo señalado. No es cualquier noche, es fin y comienzo.

Algo semejante se aproxima con la celebración del bicentenario. Un tiempo culmina, un tiempo comienza.

También estamos celebrando los 25 años del retorno a la democracia después de los tristes, violentos e injustos años de la dictadura militar del '76. La continuidad democrática de nuestras instituciones es un bien no negociable que debemos defender. Pero eso no significa que no debamos corregir los mecanismos de una democracia que todavía no significa igualdad distributiva, que todavía no cura a todos, no educa a todos, no da trabajo a todos, no impide la muerte por desnutrición de nuestros chicos. Nuestra democracia debe madurar como instrumento de justicia, participación y dignidad.

Muchos hacen y harán evaluaciones por el tiempo pasado y esbozarán proyectos por el tiempo futuro. Seguramente nosotros también diremos algo en los próximos meses, pero quisiéramos decir algo sobre este año que hemos vivido y el año por venir.

El año que estamos concluyendo fue un año difícil, marcado en muchas cosas por la crisis: crisis con las entidades patronales agro-ganaderas, crisis con las instituciones políticas, crisis financiera internacional. Y toda crisis es dolorosa, pero a su vez es desafío. Es desafío en la medida en que emerja un proyecto.

Y el proyecto que queremos hacer nuestro es la Navidad. La Navidad es un rumbo que Dios propone a la humanidad, un rumbo de cercanía, un rumbo de fragilidad, un rumbo que señala el "lugar" donde queremos estar.

+ en una sociedad que se expresa con las categorías del poder y la violencia, Dios nos propone la fragilidad y la debilidad como camino;

+ en una sociedad que se impone desde el machismo, el autoritarismo y la jerarquía, Dios nos propone la universalidad, el servicio y la vida de hermanos y hermanas como sistema alternativo;

+ en una sociedad que propone el éxito y el triunfo como plenitud humana, Dios nos muestra la pobreza, el exilio y los márgenes como "lugar" para que se expanda la vida para todos/as.

Como curas, queremos hacernos presentes en esta Navidad, para que la Navidad sea proyecto para el año que comienza. No lo queremos hacer "desde arriba" como una Iglesia que se siente perseguida por un mundo que reclama la justa "autonomía de lo temporal"; no lo queremos hacer desde la actitud soberbia de "poseedores de la verdad"; no lo queremos hacer desde el temor a la intemperie y mirando a "los demás" como enemigos o agresores.

Simplemente creemos que tenemos una Buena Noticia que no queremos callar, y que es buena noticia "para todo el pueblo": desde la pequeñez y la fragilidad, los márgenes y las víctimas, Dios tiene una palabra para la historia de la que nos queremos hacer eco. Una Buena Noticia que es para los pobres, los marginados, los excluidos. Y con ellos y desde ellos queremos que la Navidad sea un camino posible para todos y todas. Un camino que Dios señala haciéndose cercano, haciéndose Buena Noticia.

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