America, Argentina
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    CARTA ABIERTA AL PUEBLO ARGENTINO Y A TODOS Y TODAS LAS QUE HABITAN ESTE QUERIDO SUELO

     

     

    «”Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber?
    ¿Cuándo te vimos forastero, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?
    ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?”
    Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con
    el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”». (Mateo 25, 37-40)

    Hace ocho meses saludamos el comienzo de un nuevo período gubernamental que consolida la vigencia de la democracia en nuestro país. En ese momento expresamos nuestra confianza de que el nuevo gobierno, fruto de la unidad de quienes quieren una patria fraterna, justa y solidaria, ayudaría a nuestro país a superar la profunda crisis en que nos dejó el que probablemente fue el peor gobierno de nuestra breve historia democrática.

    Los propósitos expresados por quienes recibieron del pueblo el mandato de gobernar el país en este cuatrienio dieron fundamento a esa esperanza: la atención urgente del hambre que padece gran parte de la población, el cuidado de la tierra y los recursos naturales, la superación del endeudamiento masivo e irresponsable obrado por el gobierno anterior, la necesidad de integración a la Patria Grande, el saneamiento de la justicia viciada por los intereses políticos y económicos, la transparencia del gasto público, el fortalecimiento del federalismo… Escuchamos a un presidente expresar estos propósitos. Confiamos en su sinceridad, en que no se trata de otro engaño: es lo que Dios y nuestra Patria le demandan.

    Sabemos de las enormes dificultades y los obstáculos que el cumplimiento de esos propósitos encontraría en «tiempos normales». Las fuerzas de quienes tienen intereses mezquinos siguen vigentes y son muchos los que no adhieren a este sueño colectivo de felicidad sin exclusiones. Pero fue entonces que, para multiplicar las dificultades, nos sorprendió esta pandemia que asola el mundo. Y nos encontramos con un presidente y un gobierno que privilegia la vida y pone todo su esfuerzo en cuidarla, como nos enseña Jesús. Hemos podido comprobarlo en el encuentro que tuvimos algunos de nosotros con el Presidente y los diputados Kirchner y Valdez, en el que tuvimos oportunidad de presentarles nuestras inquietudes, sobre todo en lo que hace a la situación del conurbano bonaerense.

    Por eso saludamos las medidas implementadas para paliar las inmensas dificultades que padece la población más vulnerable de nuestro país: el fortalecimiento acelerado de una salud pública que había sido descuidada y despreciada, el apoyo a las familias más empobrecidas, la ayuda a las pequeñas y medianas empresas y otra cantidad de medidas que, aunque sabemos que siempre terminan siendo insuficientes, han servido para evitar un desastre mayor.

    Y, en el medio de las exigencias de la pandemia, se han llevado adelante con éxito las negociaciones para lograr un acuerdo con los acreedores privados internacionales, que permitirá un ahorro que podrá aplicarse en los próximos años a la recuperación económica y social de nuestra patria.

    Todo esto enfrentando a una feroz e inmoral oposición de los poderes mediáticos, económicos y políticos que parecen decididos a no dejar gobernar, en el mejor de los casos, o hacer caer un gobierno que todavía no ha cumplido un año. Poderes que no pierden ocasión para generar descontento: difundir mentiras o medias verdades, llamar irresponsablemente a concentraciones que se han constituido en fuente de innumerables contagios, mientras permanecen ellos cuidados en sus hogares o vacacionando en el extranjero.

    Como curas que hemos optado por estar junto a nuestro pueblo, experimentamos día a día las enormes dificultades que siguen teniendo los más pobres no sólo para llegar a fin de mes, sino, sobre todo, para poder poner cada día un plato en la mesa. Pero somos también testigos de la creatividad con la que se tejen iniciativas solidarias para compartir la mesa de la vida. Llevamos meses sin poder compartir con normalidad la mesa de la Eucaristía. La Eucaristía no es un derecho: es el don de la Vida entregada por Jesucristo. Por eso estamos convencidos de que Jesús está igualmente presente en los lazos de comunión que esa solidaridad está tejiendo. Porque queremos dejar atrás un país para pocos, soñamos con una Patria para todos y todas donde los pobres sean los primeros en sentarse a la mesa y puedan celebrar el pan del trabajo y el vino de una vida plena.

    Seguiremos siendo hermanos para acompañar toda iniciativa a favor de nuestro pueblo. Cuenten con nosotros para ello. Pero también queremos ser hermanos para expresar nuestra preocupación cuando sintamos que se traicionan los principios y los ideales que declaró el Presidente cuando asumió su mando. No dejemos de soñar juntos por una Patria donde reinen el amor y la igualdad. Busquemos en los clamores de nuestro Pueblo la voz del Dios de la Vida.

    Parafraseando aquella voz que resonó en la Plaza de Mayo el pasado 10 de diciembre: “Confiemos en el pueblo. El pueblo no traiciona, sólo pide que lo defiendan y lo representen”

    Renovamos nuestro compromiso junto al pueblo y a los pobres. Nos ilumina el ejemplo de tantos que entregaron su vida al servicio de la liberación de los pobres en nuestro país y nuestro continente y en cuya protección confiamos; especialmente tenemos presentes a los mártires riojanos, los beatos Enrique Angelelli, Wenceslao Pedernera, Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, a San Oscar Romero, a monseñor Pedro Casaldáliga, fallecido este último sábado, y a Orlando Yorio (con quien tanto hemos compartido).

    Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
    10 de agosto de 2020

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    EXTREMA INMORALIDAD

    Comunicado del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres

     

    En la segunda carta a los Tesalonicenses, San Pablo advierte que “el misterio de la iniquidad ya está actuando” (2 Tes 2,7). Desde entonces la Iglesia ha entendido que la denuncia del “misterio de la iniquidad” está comprendida necesariamente en su predicación, como lo expresó San Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi (N° 28). Desde esta obligación evangélica nos vemos compelidos a llamar la atención sobre acontecimientos de público conocimiento de estos últimos días.

    Desde hace ya varios meses la sociedad de nuestra patria viene soportando pacientemente los embates irresponsables y disolventes surgidos desde sectores importantes de la oposición al gobierno nacional. Autoerigidos defensores de la democracia y la institucionalidad vienen pervirtiendo el legítimo derecho a la oposición y al disenso atacando sistemáticamente las bases de la misma institucionalidad y la democracia. Políticos por cuenta individual y direcciones partidarias, con la complicidad de buena parte de los medios de comunicación, se han propuesto minar la autoridad política y moral de aquellos sobre quien recae la responsabilidad de gobernar y guiar al país en estos momentos de enormes dificultades sanitarias, económicas y sociales.

    Hemos tenido que asistir (y soportar) impávidos a peligrosas argumentaciones anticuarentena, llamamientos a concentraciones que ponen en riesgo la salud de los asistentes (llevando probablemente al contagio y la muerte a un participante y activo convocante de esas protestas), invitaciones a armarse, amenazas de separatismos provinciales y otra larga colección de etcéteras: todo fundándose en la tergiversación de la verdad y mentiras lisas y llanas. Pero el despreciable comunicado de la dirección de Juntos por el Cambio con ocasión del asesinato de Fabián Gutiérrez ha llevado la paciencia ética de la sociedad al límite de lo tolerable. La supuesta “extrema gravedad institucional” que adjudican al desgraciado acontecimiento vuelve a revelar la “extrema inmoralidad”, la catadura ética de personajes que bien conocemos., la barbarie de quienes dicen representar la civilización. Parece no importarles hundir a la misma patria, con tal de que fracase el actual gobierno.

    Cuando la inmoralidad se enseñorea de la política, se disuelven las bases de la convivencia y la cohesión social. Estamos convencidos de que es precisamente esa disolución lo que estos “dirigentes”, verdaderos agentes del mal, se han propuesto como finalidad: imposibilitar el diálogo y la búsqueda de los consensos necesarios para atravesar la crisis que atraviesa nuestra patria y de la que en buena medida han sido responsables.

    Como cristianos y sacerdotes nos obliga el Evangelio; como ciudadanos (y a todos los ciudadanos) nos obligan la Verdad y la Justicia, la Paz y la Solidaridad: no podemos sino expresar nuestro repudio y desprecio de este modo de obrar. Hacemos un llamamiento a la sociedad entera, independientemente de sus simpatías políticas, a demostrar que no estamos dispuestos a dejarnos dirigir por el odio y la mentira.

    Secretariado del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
    6 de julio de 2020

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Mensaje para la Navidad de los curas en Opción por los Pobres

Si para las Fiestas, el “dios mercado” se acerca a nosotros invitándonos a “comprar y vender”, y se hace presente en un simpático anciano de carcajada fácil, en estos mismos días, los cristianos celebramos que Dios se acerca, comparte la vida del ser humano, particularmente con los pobres que no compran ni venden, camina la historia con su pueblo y ofrece un proyecto de vida y libertad.

Como los peregrinos de Emaús, queremos seguir caminando junto a nuestro pueblo, y reconociendo ese niño recién nacido, y reconociendo a los ‘pastores’ que se acercan con su trabajo, con sus sueños, con sus proyectos de ‘otro mundo posible’. Mujeres anónimas, que como María, se siguen jugando por un lugar para su familia, por un lugar para sus hogares.

Y entre ellos también Jesús, en la sencillez y pobreza del pesebre, nos revela el rostro del Dios en el que creemos y al que predicamos:

Expresamos -como Iglesia que somos- nuestra opción por el Dios-con-nosotros que resplandece en el pobre, la víctima, el marginado o desplazado. Pedimos perdón también en nombre nuestro y en el de la iglesia que no pide perdón, por las veces en que hemos favorecido a los poderosos con nuestros silencios o complicidades.

Precisamente, caminando humildemente con nuestro Dios, ese Dios con nosotros, queremos rescatar los acontecimientos positivos en materia económica, política y social que se han dado en este año como son los avances en el esclarecimiento y condena a los culpables de los crímenes de la dictadura, en especial de las torturas, desapariciones y apropiaciones ilegítimas de niños; el descenso del índice de desempleo, el aumento de los salarios y de las asignaciones a jubilados; la recuperación de reservas monetarias, una situación fiscal más equilibrada y una tasa de crecimiento sostenida que favorece el desarrollo de la industria y la creación de empleo.

Pero también queremos manifestar con honda preocupación que estos hechos positivos no llegan a solucionar problemas crónicos y de fondo de nuestra sociedad:

o       Los episodios de violencia –sindical, deportiva, barrial- que muchas veces obedecen al círculo vicioso “policía-política-dirigencia deportiva-dirigencia sindical-justicia-matones-delito”, parecen no tener fin y no parece haber decisión política de resolverlo.  

o       La inseguridad, que no es solamente la que proviene de la posibilidad de ser violentados por delincuentes, sino también la que proviene del hambre, la miseria, la desocupación, la falta de atención médica, los salarios de hambre, las condiciones insalubres de vida, la desnutrición...

o       La increíble desigualdad distributiva que esteriliza lo que se ha logrado en materia macroeconómica si los beneficios son saboreados sólo por una porción ínfima de la población. Pensamos que el superávit fiscal es una imposición más de los organismos de crédito internacional. El dinero que le sobra al Estado es el que le falta a la gente: en el poder adquisitivo de los salarios, en el sistema de salud, en la necesidad de viviendas para todos, en el sistema previsional. No sirve acumular el dinero del trabajo de todos para pagar deuda (ilegítima en buena parte) sin atender a las necesidades del pueblo. Sabemos que la mayoría de los países que hoy llamamos desarrollados, se recuperaron de sus crisis y crecieron creando empleo, aumentando el poder adquisitivo de los salarios y mejorando la calidad de vida a través del gasto público, entre otras medidas.

o       El manejo abusivo del poder político, con proyectos legislativos cajoneados, sentencias jurídicas indefinidamente postergadas, concentración impúdica abusiva del poder y cooptación de luchas populares con apariencia de detentar el monopolio de lo que beneficia al pueblo y a los pobres.

o       La desaparición de Julio Jorge López y de otros tantos desaparecidos - en pleno período democrático- nos inquieta en cuanto refleja que no está desactivado el aparato represivo de la dictadura y que la investigación emprendida en tales casos no ha dado resultado alguno.

Invitamos con cariño fraterno a nuestras comunidades cristianas y nuestro pueblo en general, a renovar las esperanzas de que otro mundo es posible: construido sobre la verdad, la justicia, y el respeto a la dignidad humana. La Navidad es la fiesta del compromiso de Dios con el ser humano y nos invita a comprometernos con un mundo más justo. Buscando las maneras de construirlo. ¡Y poniéndonos manos a la obra!

 

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