America, Argentina
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    La Palabra de Dios se hizo carne de fraternidad (cf Jn 1,14)

    Así expresaba el Papa Francisco en la Navidad pasada su “deseo de fraternidad”:

    “Fraternidad entre personas de toda nación y cultura. Fraternidad entre personas con ideas diferentes, pero capaces de respetarse y de escuchar al otro. Fraternidad entre personas de diversas religiones. Jesús ha venido a revelar el rostro de Dios a todos aquellos que lo buscan. Y el rostro de Dios se ha manifestado en un rostro humano concreto. No apareció como un ángel, sino como un hombre, nacido en un tiempo y un lugar. Así, con su encarnación, el Hijo de Dios nos indica que la salvación pasa a través del amor, la acogida y el respeto de nuestra pobre humanidad, que todos compartimos en una gran variedad de etnias, de lenguas, de culturas…, pero todos hermanos en humanidad… Que este tiempo de bendición le permita a Venezuela encontrar de nuevo la concordia y que todos los miembros de la sociedad trabajen fraternalmente por el desarrollo del país, ayudando a los sectores más débiles de la población”.

    También nosotros queremos adherir a este deseo del Papa ante el sufrimiento del querido pueblo venezolano. Queremos expresar nuestro más profundo rechazo ante el intento de golpe de estado en Venezuela, que, lejos de este deseo de vida fraterna para nuestros pueblos, cierra las puertas al diálogo y a la reconciliación.

    Creemos que el gobierno de Venezuela ha sido elegido democráticamente mediante uno de los sistemas electorales más transparentes del mundo. Han habido ya elecciones libres en este país hermano.

    Condenamos las políticas hegemónicas de los EE UU sobre los países de América Latina y el Caribe y las consecuentes presiones a sus gobiernos, que menoscaban el derecho a la autodeterminación de nuestros pueblos. Por eso consideramos digna de repudio toda injerencia externa en los problemas internos de nuestros pueblos.

    En particular nos parece despreciable la actitud de algunos gobiernos de nuestro continente, incluido el nuestro, que, sometidos a los intereses del imperio, de las grandes corporaciones y de la economía neoliberal, se han arrogado el derecho de decidir por el pueblo venezolano quién debe gobernarlo. Nuestros países tienen la capacidad y el derecho soberano de autogobernarse a través del pleno desempeño de sus instituciones.

    Venezuela, como cualquiera de nuestros países de la Patria Grande, tiene sus problemas internos. Nadie ignora que muchos de estos problemas son generados “desde fuera” con la complicidad de mezquinos intereses que se defienden “desde dentro”. Pero son los mismos venezolanos quienes deben solucionarlos.

    Que la fraternidad sea una realidad en América Latina y en el mundo, con el respeto profundo a la autodeterminación de los pueblos.

    Grupo de Curas en la Opción por los Pobres

    24 de enero de 2019

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    “Dejen que los niños vengan a mí” (Mateo 19,14)

    A fines del año 2018 el gobierno nacional nos ha sorprendido con un nuevo intento de baja en la edad de imputabilidad de los menores con un anteproyecto de ley que propone crear un “sistema de Responsabilidad Juvenil”.

    Son muchos los sectores que han reaccionado frente a la propuesta. Hermanos y hermanas nuestros que trabajan día a día con niños y jóvenes han levantado su voz y advertido el dislate. Queremos unir la nuestra para amplificar este urgente llamado de atención.

    Creemos  que  los  aires  de  violencia,  represión  y  punición  que  soplan  en  la  región (“bolsonarización”) y el mundo ayudan a este nuevo viejo intento. Como si la solución a la pauperización  que  el  mismo  sistema  genera  (y  al  que  pareciera  adscribir  la  alianza gobernante  con  sus  iniciativas)  fuera  multiplicar  penas  o  cárceles.  Paradójicamente asistimos con estupor al intento de cierres de escuelas y universidades, al desfinanciamiento de  programas  sociales,  al  intento  de  militarizar  la sociedad  proponiendo  las  armas  como remedio a los males de la desintegración social.

    Transcribimos  un  fragmento  de  “La  infancia  es  un  peligro”.  Así  escribía  genialmente Eduardo  Galeano: “Desde  el  punto  de  vista  del  sistema,  la  vejez  es  un  fracaso,  pero  la infancia es un peligro. En muchos países latinoamericanos,  la hegemonía del mercado está rompiendo los lazos de solidaridad y está haciendo trizas el tejido social comunitario. ¿Qué destino  tienen  los  dueños  de  nada  en  países  donde  el  derecho  de  propiedad  se  está convirtiendo en el único derecho sagrado? Los niños pobres son los que más ferozmente sufren  la  contradicción  entre  una  cultura  que  manda  consumir  y  una  realidad  que  lo prohíbe. El hambre los obliga a robar o a prostituirse; pero también los obliga la sociedad de consumo, que los insulta ofreciendo lo que niega. Y ellos se vengan lanzándose al asalto.
    En  las  calles  de  las  grandes  ciudades,  se  forman  bandas  de  desesperados  unidos  por  la muerte que acecha”.

    Queremos que esta advertencia sea a la vez invitación a trabajar reparando el tejido social comunitario con lazos de solidaridad y amor efectivo a nuestros hermanos más pequeños y pobres. Que los niños y jóvenes nos encuentren cercanos para acompañarlos a la Vida.

    Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
    12 de enero de 2019

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Ochenta y seis sacerdotes de distintas zonas del país nos hemos reunido en San Antonio de Arredondo (Córdoba) para nuestro SEXTO ENCUENTRO ANUAL. En nuestra actividad diaria acompañamos a los pobres de nuestro pueblo y queremos ser fieles a su vida, a sus luchas y esperanzas.

Convivimos con los que más sufren el costo del ajuste: los trabajadores, peones golondrinas, aborígenes, jubilados, maestros y especialmente desocupados, los cartoneros, los presos y enfermos, los jóvenes marginados, los chicos de la calle... Esta realidad nos muestra al desnudo las consecuencias de un programa económico que antepone la competencia salvaje y las exigencias que nos imponen desde afuera a las necesidades de los más pobres, abandonándolos a su suerte. Más aún, cuando esto va acompañado de un clima general y situaciones específicas de corrupción e impunidad.

Nos duele y nos indigna que un sector tan importante de nuestro pueblo sea excluido de las posibilidades de una vida digna. Nosotros queremos una Argentina eficiente, con crecimiento y estabilidad. Pero no a este costo. Creemos que ninguna sociedad puede realizarse plenamente si no pone en el centro de su preocupación la vida de los pobres. Justamente aquellos a quienes Jesús dedicó mayor atención (los hambrientos, los enfermos, los sin techo), ese tercio o más de nuestra población son los que se quedan afuera del país que se está construyendo, como el pobre que, en el relato de Jesús, moría de hambre a las puertas de la mansión del rico (Lucas 16, 19-31). Y esto, para un cristiano, es inaceptable.

Sin embargo, a pesar de todo esto, somos testigos cotidianamente de la esperanza, la solidaridad, la capacidad de compartir, las ganas de celebrar en tantas fiestas familiares y populares, la increíble resistencia ante el dolor y la muerte que siguen vivas en nuestro pueblo.

Esto da lugar a muchas formas de organización y maneras de enfrentar la lucha por la vida en cooperativas, mutuales, micro-emprendimientos, guarderías, comedores populares, y tantas otras expresiones de creatividad en el desafío de sobrevivir.

Y al mismo tiempo, esta fe que se aferra a la vida se convierte en un clamor. Un clamor que, a cinco siglos de la llegada de la fe cristiana a nuestra tierra, sigue uniendo la confianza en Dios con la exigencia de una justicia demasiado largamente esperada. Y que pide, a todos aquellos que tienen capacidad para hacerlo, que se busquen los caminos para abrir otras posibilidades.

Que María, que desde el principio quiso ser la Madre de los Pobres, siga sosteniendo nuestra esperanza y nos enseñe a ser hermanos y hermanas de verdad.

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