America, Argentina
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    A LA COMUNIDAD PARROQUIAL DE LA ISLA MACIEL

     

    Como grupo de curas en la opción por los pobres, queremos solidarizarnos con la comunidad de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima de la Isla Maciel, que durante años fue acompañada pastoralmente por nuestro hermano, el padre Paco Olveira, de manera ejemplar.

    Es central para la identidad y la vida de un pueblo el ejercicio de la memoria. También para el Pueblo de Dios: construimos nuestra comunidad con el centro en la memoria del Misterio Pascual, la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, Buena Noticia anunciada a los pobres. Y esta memoria incluye, particularmente, la memoria de aquellos que, como el Maestro, entregaron su vida por devolver humanidad y dignidad a quienes son víctimas de la violencia y ambición de riquezas y poder de unos pocos.

    No es inocente que, a la par de empobrecer aún más a los más pobres de nuestra Patria, en estos tiempos se trate de obstaculizar e incluso silenciar el ejercicio de la memoria. Y, como cristianos, nos resulta particularmente escandaloso que, también en nuestra Iglesia, se trata de quebrar el espinazo de una comunidad prohibiéndole la memoria y borrando todos sus signos: es el eje de un modelo pastoral que pretende una grey dócil y obediente.

    Como pastores, tratamos de realizar nuestra misión recordando lo que decía San Agustín a los fieles de su diócesis: «Para ustedes soy obispo, con ustedes soy cristiano… Aquél es nombre del oficio recibido, éste es nombre de gracia; aquél, de peligro; éste, de salvación… A todos los debo amar... ayúdenme orando y obedeciendo; para que me deleite no tanto presidir cuanto servir» (Sermón 340). Por eso queremos llamar a nuestro hermano, el nuevo párroco de la Isla Maciel, a recapacitar recordando su condición de bautizado y, por tanto, ante todo hermano de los fieles de su comunidad, y sepa primero obedecer, como el santo obispo de Hipona, su historia y compromiso.

    Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
    En el año de los Mártires Riojanos, 20 de febrero de 2019

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    La Palabra de Dios se hizo carne de fraternidad (cf Jn 1,14)

    Así expresaba el Papa Francisco en la Navidad pasada su “deseo de fraternidad”:

    “Fraternidad entre personas de toda nación y cultura. Fraternidad entre personas con ideas diferentes, pero capaces de respetarse y de escuchar al otro. Fraternidad entre personas de diversas religiones. Jesús ha venido a revelar el rostro de Dios a todos aquellos que lo buscan. Y el rostro de Dios se ha manifestado en un rostro humano concreto. No apareció como un ángel, sino como un hombre, nacido en un tiempo y un lugar. Así, con su encarnación, el Hijo de Dios nos indica que la salvación pasa a través del amor, la acogida y el respeto de nuestra pobre humanidad, que todos compartimos en una gran variedad de etnias, de lenguas, de culturas…, pero todos hermanos en humanidad… Que este tiempo de bendición le permita a Venezuela encontrar de nuevo la concordia y que todos los miembros de la sociedad trabajen fraternalmente por el desarrollo del país, ayudando a los sectores más débiles de la población”.

    También nosotros queremos adherir a este deseo del Papa ante el sufrimiento del querido pueblo venezolano. Queremos expresar nuestro más profundo rechazo ante el intento de golpe de estado en Venezuela, que, lejos de este deseo de vida fraterna para nuestros pueblos, cierra las puertas al diálogo y a la reconciliación.

    Creemos que el gobierno de Venezuela ha sido elegido democráticamente mediante uno de los sistemas electorales más transparentes del mundo. Han habido ya elecciones libres en este país hermano.

    Condenamos las políticas hegemónicas de los EE UU sobre los países de América Latina y el Caribe y las consecuentes presiones a sus gobiernos, que menoscaban el derecho a la autodeterminación de nuestros pueblos. Por eso consideramos digna de repudio toda injerencia externa en los problemas internos de nuestros pueblos.

    En particular nos parece despreciable la actitud de algunos gobiernos de nuestro continente, incluido el nuestro, que, sometidos a los intereses del imperio, de las grandes corporaciones y de la economía neoliberal, se han arrogado el derecho de decidir por el pueblo venezolano quién debe gobernarlo. Nuestros países tienen la capacidad y el derecho soberano de autogobernarse a través del pleno desempeño de sus instituciones.

    Venezuela, como cualquiera de nuestros países de la Patria Grande, tiene sus problemas internos. Nadie ignora que muchos de estos problemas son generados “desde fuera” con la complicidad de mezquinos intereses que se defienden “desde dentro”. Pero son los mismos venezolanos quienes deben solucionarlos.

    Que la fraternidad sea una realidad en América Latina y en el mundo, con el respeto profundo a la autodeterminación de los pueblos.

    Grupo de Curas en la Opción por los Pobres

    24 de enero de 2019

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Reunidos en nuestro VII ENCUENTRO NACIONAL, sacerdotes de diversas diócesis y lugares del país, identificados en la opción preferencial por los pobres, nos hemos encontrado nuevamente trayendo en nuestros corazones los "gozos y esperanzas, las angustias y las tristezas" de los hombres y mujeres de nuestras comunidades.

Compartiendo nuestros sentimientos y reflexiones sobre el momento que vivimos nos duele e indigna:

- La situación de miles de familias sin trabajo, condenadas a la miseria y a la desesperanza.

- La infancia marginada desde antes de nacer, sin futuro, condenadas a la desnutrición, al analfabetismo, a la delincuencia.

- Los ancianos desprotegidos, víctimas del hambre, sin acceso a la salud.

- Los jóvenes desorientados e incomprendidos, vaciados de ideales, empujados a la violencia, la drogadicción, el alcoholismo. Jóvenes del interior obligados al éxodo sin futuro.

- La injusta distribución de tierras. La falta de viviendas.

- La injusticia de una salud y educación sólo para los ricos.

- El permanente cierre de fuentes de trabajo y el achicamiento del mercado laboral.

- La entrega vergonzosa del patrimonio nacional por medio de privatizaciones plagadas de corrupción generando monopolios privados.

- El aislamiento de poblaciones enteras por el cierre de ramales ferroviarios.

- La permanente postergación de los sectores más débiles de nuestra sociedad; aborígenes, discapacitados, presos.

- La falta de política de migración interna que obliga a la gente a desplazarse sin destino ni esperanza.

- La corrupción del poder judicial que genera inseguridad para los pobres e impunidad para los grandes.

- El desprestigio de la actividad política

- El silencio cómplice de algunos sectores de nuestra propia iglesia.

- El creciente desinterés por el compromiso social, sindical...

Pero más nos duele la necedad y la soberbia que a veces pretende negar esta realidad ( "...vamos bien", ..."el mundo nos toma de ejemplo...") y otras veces, justificar esta situación en nombre de un futuro mejor, del ingreso al primer mundo, de la lógica del mercado, la necesidad de no quedar al margen de la economía mundial, la supuesta falta de alternativas e incluso apelando sacrílegamente al Evangelio para justificar que "pobres habrá siempre".

 

Por todo esto, renovando los compromisos asumidos en Encuentros anteriores y por fidelidad al Evangelio y la opción asumida en Medellín, Puebla y Santo Domingo:

DENUNCIAMOS como anti-evangélico el sistema económico vigente.

Y con la misma fuerza queremos ANUNCIAR Y CELEBRAR la presencia del Reino de Dios en mujeres y hombres de nuestra iglesia, de otras iglesias cristianas y de distintos sectores de nuestra sociedad, que se empecinan en construir pequeños espacios de participación, comunicación, solidaridad, encuentro (cooperativas de vivienda, trabajo y consumo; clubes de madres, comunidades eclesiales de base, medios de comunicación alternativos, grupos de teatro, de arte, ecologistas, comedores, ollas populares, movilizaciones de jubilados, docentes). Son todavía esfuerzos aparentemente pequeños si se comparan con el tremendo poder de la propaganda oficial, pero muy significativos.

Queremos ALENTAR Y ACOMPAÑAR estos intentos porque como el grano de mostaza llevan en germen la vida, una vida más fuerte que cualquier sistema.

Son signos que nos enseñan a confiar en el pueblo por el que ha optado el Dios de la vida, el Dios que –según María de Nazareth- derriba del trono a los poderosos y levanta a los pobres, colma de bienes a los hambrientos y despide a los ricos con las manos vacías. (Lucas 1, 53).

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