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XIIº Encuentro Nacional de Sacerdotes (agosto 1998)

San Antonio de Arredondo, Córdoba

Declaración final

Nosotros, sacerdotes de diferentes zonas del país, que queremos acompañar los dolores y las luchas de nuestro pueblo, y los diversos movimientos y organizaciones que el mismo pueblo se va dando, y compartiendo sus angustias, haciéndonos eco de la voz de nuestras comunidades, "no podemos callar lo que hemos visto y oído".

* Denunciamos el triste espectáculo de las disputas por candidaturas de una dirigencia que como aves de rapiña sobrevuela para devorar los despojos del pueblo, enredados en despiadadas internas infectando, dividiendo y entorpeciendo el trabajo desinteresado de las organizaciones populares;

* Denunciamos la idolatría del mercado en la que empresarios y grupos con capitales de origen frecuentemente oscuro, adoran al dios dinero, provocando cada vez más víctimas entre los pobres, despojándolos del derecho a la tierra, a la casa, al trabajo digno;

* Denunciamos la complicidad de sectores sociales, sindicales y eclesiásticos que parecen más atentos a pequeñas o grandes prebendas, que dedicados a buscar soluciones reales a la desocupación, la injusticia, la impunidad y la muerte.

* Denunciamos un Estado que se desentiende de sus responsabilidades con la salud, la educación, la administración de la justicia, la protección de los jubilados, la generación de empleo, la paz social, y pretende usar estructuras, espacios y agentes populares en desvirtuadas, desordenadas y corruptas políticas sociales...

Y frente a esto, queremos renovar nuestro compromiso y esperanza:

* Anunciamos nuestra confianza en Jesús muerto y resucitado que nos revela al Dios de la vida que en su Palabra nos hace patente su amor preferencial por el pobre;

* Anunciamos nuestra esperanza en la fuerza de las distintas organizaciones populares y sociales, y aseguramos nuestra compañía y cercanía a todo espacio que aliente el crecimiento del Reino de la verdad, la justicia y la vida;

* Anunciamos que un modo distinto de hacer política es posible, y hoy más que nunca necesario, defendiendo los valores de la solidaridad, la ética y los intereses populares;

* Anunciamos nuestra fe en que la vida es más fuerte que la muerte y que los diferentes brotes de solidaridad, de fiesta y celebración popular son signo de la presencia de Jesús en medio de los pobres.

Frente a esto, renovamos nuestra firme voluntad de acompañar las luchas de los pobres, y alentamos a todos aquellos que son víctimas de este modelo que no es ni fue exitoso, sino generador de exclusión, de pobreza y violencia, y a quienes son solidarios con sus dolores, a no bajar los brazos sino a entrelazarlos en un camino en el que sabemos que Dios está con nosotros.

San Antonio de Arredondo, 13 de agosto de 1998

a los 50 años de la Declaración de los Derechos Humanos

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