America, Argentina
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    EXTREMA INMORALIDAD

    Comunicado del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres

     

    En la segunda carta a los Tesalonicenses, San Pablo advierte que “el misterio de la iniquidad ya está actuando” (2 Tes 2,7). Desde entonces la Iglesia ha entendido que la denuncia del “misterio de la iniquidad” está comprendida necesariamente en su predicación, como lo expresó San Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi (N° 28). Desde esta obligación evangélica nos vemos compelidos a llamar la atención sobre acontecimientos de público conocimiento de estos últimos días.

    Desde hace ya varios meses la sociedad de nuestra patria viene soportando pacientemente los embates irresponsables y disolventes surgidos desde sectores importantes de la oposición al gobierno nacional. Autoerigidos defensores de la democracia y la institucionalidad vienen pervirtiendo el legítimo derecho a la oposición y al disenso atacando sistemáticamente las bases de la misma institucionalidad y la democracia. Políticos por cuenta individual y direcciones partidarias, con la complicidad de buena parte de los medios de comunicación, se han propuesto minar la autoridad política y moral de aquellos sobre quien recae la responsabilidad de gobernar y guiar al país en estos momentos de enormes dificultades sanitarias, económicas y sociales.

    Hemos tenido que asistir (y soportar) impávidos a peligrosas argumentaciones anticuarentena, llamamientos a concentraciones que ponen en riesgo la salud de los asistentes (llevando probablemente al contagio y la muerte a un participante y activo convocante de esas protestas), invitaciones a armarse, amenazas de separatismos provinciales y otra larga colección de etcéteras: todo fundándose en la tergiversación de la verdad y mentiras lisas y llanas. Pero el despreciable comunicado de la dirección de Juntos por el Cambio con ocasión del asesinato de Fabián Gutiérrez ha llevado la paciencia ética de la sociedad al límite de lo tolerable. La supuesta “extrema gravedad institucional” que adjudican al desgraciado acontecimiento vuelve a revelar la “extrema inmoralidad”, la catadura ética de personajes que bien conocemos., la barbarie de quienes dicen representar la civilización. Parece no importarles hundir a la misma patria, con tal de que fracase el actual gobierno.

    Cuando la inmoralidad se enseñorea de la política, se disuelven las bases de la convivencia y la cohesión social. Estamos convencidos de que es precisamente esa disolución lo que estos “dirigentes”, verdaderos agentes del mal, se han propuesto como finalidad: imposibilitar el diálogo y la búsqueda de los consensos necesarios para atravesar la crisis que atraviesa nuestra patria y de la que en buena medida han sido responsables.

    Como cristianos y sacerdotes nos obliga el Evangelio; como ciudadanos (y a todos los ciudadanos) nos obligan la Verdad y la Justicia, la Paz y la Solidaridad: no podemos sino expresar nuestro repudio y desprecio de este modo de obrar. Hacemos un llamamiento a la sociedad entera, independientemente de sus simpatías políticas, a demostrar que no estamos dispuestos a dejarnos dirigir por el odio y la mentira.

    Secretariado del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
    6 de julio de 2020

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    Twitter @GrupoCurasOPP



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    CARLOS MUGICA, ¡PRESENTE!

    “Si el grano de trigo muere, da mucho fruto” (Juan12,24)

    Un nuevo 11 de Mayo, a 46 años del martirio de Padre Carlos Mugica, nos vuelve a convocar con el compromiso de la Memoria. Y hacer memoria no significa una mera evocación de lo que pasó. Memoria es actualizar, en este presente histórico, las convicciones que llevaron a Carlos a dar la vida por los pobres hasta ser asesinado a la salida de la Parroquia San Francisco Solano.

    La pandemia del coronavirus no nos permitirá celebrar la misa que habitualmente realizamos en esta parroquia de Mataderos. Allí no sólo no nos encontraremos ni abrazaremos los curas del grupo al que pertenecemos; y otros muchos curas que trabajan en medios populares alentados por la entrega de Mugica. Allí tampoco nos podremos abrazar este año con tantos y tantas que esperan ese día para decir con Carlos que “no tenemos miedo” y que, como él nos pidió, seguiremos estando en medio del caminar de nuestro pueblo más pobre.

    Tampoco podremos abrazar a Norita Cortiñas y, en ella, a todas nuestras Madres. El 11 de mayo de 1974, su hijo Carlos Gustavo Cortiñas cumplía 22 años. Lo secuestraron el 15 de abril de 1977 en la estación de Castelar mientras esperaba el tren para ir al trabajo. Hoy celebraría 68 años. Norita, su hijo y las Madres estarán presentes en nuestra cordial oración. Como también, y sin lugar a dudas, estará Marta Mugica, hermana de Carlos, fallecida el pasado 1° de abril. Para nosotros también hermana y compañera de camino.

    Pero, aunque extrañemos el calor de los abrazos, volveremos a elegir aquellos valores que guiaron a Carlos en su amor fiel hasta su muerte en esa vereda de Buenos Aires: su amor por Jesús y por los pobres; y su voz profética señalando a los crucificadores de sus hermanos y hermanas más vulnerables.

    Carlos soñaba para sus pobres una Patria donde reinaran “el amor y la igualdad”. Ciertamente una Patria distante de aquellos que hoy viven más pendientes de la cotización del dólar que de aceptar que se grave algo de sus impúdicas riquezas en beneficio de los excluidos de los bienes de la tierra. Distante también de quienes miran hacia otro lado cuando a los pobres se les niegan los servicios esenciales en sus barrios, mientras golpean sus cacerolas alentados por noticias falsas e intereses inconfesables por contrarios a la vida del pueblo. Distante, también, de todo fundamentalismo religioso que señala a Dios como el mentor de la pandemia o pidiendo que les “devuelvan la misa”, sin importarles nada de los que siguen haciendo negocio con el dolor de los que sufren. 

    No haremos la misa que nos congregue en la fecha del martirio de Carlos Mugica. Pero renovamos nuestro compromiso de seguir sus huellas: las de Jesús, las de tantas y tantos mártires argentinos y latinoamericanos.

     

    Grupo de Curas en la Opción por los Pobres

    11 de Mayo de 2020

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Mensaje para nuestras comunidades

Como todos los años, nos hemos reunido sacerdotes de diferentes regiones de todo el país que queremos jugar nuestra suerte “con los pobres de la tierra”. Y hemos querido mirar nuestra realidad, con las cosas viejas y las cosas nuevas que esta tiene. Vemos que hay viejos lastres que no terminan de caer, y luces de esperanza que no terminan de despuntar, y quisiéramos –con nuestro servicio al pueblo de Dios- ayudar a eliminar lo que nos impide caminar, y alentar los pasos, todavía tambaleantes de nuestra historia.

+ vemos que el viejo modelo neoliberal no termina de morir, que todavía poderosos grupos económicos insisten en proponer o imponer fórmulas perversas que sólo han conducido a su propio enriquecimiento y a la defensa de sus propios intereses, y a nuestra miseria, hambre y muerte.

+ vemos con claridad todo aquello que rechazamos y no queremos más para nuestro país y nuestra gente.

+ vemos que los intereses de la banca privada y extranjera insisten con viejas recetas y sólo parecen preocupados por esquilmar al pueblo en un genocidio por planificación de la desigualdad, insistiendo en ajustes y pago de una deuda que desconocemos por usuraria, corrupta y falsa, y por si eso fuera poco, ya pagada varias veces.

+ vemos que exponentes de la vieja política siguen insistiendo con sus caudillismos y clientelismos sin ningún miramiento por la vida y la felicidad del pueblo, vendiendo como dádivas aquello que es sólo una parte minúscula de lo que deberían dar por justicia.

+ vemos que muchos, hasta ahora impunes de crímenes imprescriptibles, encabezan campañas apoyados en sectores empresariales, políticos, eclesiales y periodísticos buscando el silencio y la complicidad.

Y vemos también con esperanza

· la renovación y aparente transparencia en la designación de jueces y ministros de la Suprema Corte de Justicia.

· La posibilidad de cerrar con verdad y justicia los crímenes de lesa humanidad que enlutan nuestro presente, clausurando las puertas a la impunidad, y contribuyendo al esclarecimiento de la verdad histórica.

· La posibilidad de una mayor unidad latinoamericana en un marco mucho más amplio que en un mero esquema de mercado, llegando a una integración histórica y cultural.

· El reconocimiento fraterno de las diferencias que enriquecen nuestro caminar en una aceptación de culturas, opciones, historias, que nos permitirán mirar con alegría que “la verdad es sinfónica”.

· El surgimiento de brotes de resistencia y vida con los que nuestro pueblo manifiesta su apuesta tozuda por la vida, sea en el resurgimiento de cooperativas, en las fábricas recuperadas, las luchas por la tierra, los reclamos de justicia y las marchas contra la muerte, las manifestaciones en defensa del trabajo, las luchas de los jubilados...

Sabemos que estos son sólo signos, y todavía es mucho lo que falta.

. Falta trabajo digno para todos, como corresponde por derecho;

. Falta transparencia en las negociaciones con los organismos usurarios de crédito internacional

. Falta una voz más firme y profética de la Iglesia jerárquica

. Falta una actitud de claro rechazo al ALCA, la presencia de bases y ejercicios militares con los EEUU y todo otro claro rechazo al neo-imperialismo.

. Falta una clara transparencia en el ejercicio de la justicia que impida sospechar de la politización de sus fallos

. Falta una renovación de la dirigencia política que en las provincias, los municipios, los poderes legislativos se pongan incuestionablemente al servicio del pueblo y su felicidad.

. Falta una mayor claridad en la construcción de nuestro presente no sabiendo con precisión hacia dónde queremos ir, y una mayor conciencia, organización y unidad del campo popular.

. Falta un claro compromiso de lucha sistemática y comprometida contra la pobreza, que es algo que ofende a Dios y es contraria a su voluntad.

Por todo esto, como servidores del Pueblo de Dios, queremos seguir con la mirada atenta para renovar nuestro compromiso junto a los pobres y enfrentando todo aquello que causa su dolor o su muerte.

Sabemos que Dios no es indiferente a su sufrimiento, y con Jesús de Nazaret queremos reconocer que el Espíritu del Señor nos “ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”. (Lc 4,18-19)

San Miguel, Buenos Aires 21 de agosto 2003

 

 

Comunicado de Prensa

Como todos los años, nos hemos reunido sacerdotes de diferentes regiones de todo el país que queremos jugar nuestra vida “con los pobres de la tierra”. Y hemos querido mirar nuestra realidad, con las cosas viejas y las cosas nuevas que esta tiene. Vemos que hay viejos lastres que no terminan de caer, y luces de esperanza que no terminan de despuntar, y quisiéramos –con nuestro servicio al pueblo de Dios- ayudar a eliminar lo que nos impide caminar, y alentar los pasos, todavía tambaleantes de nuestra historia. Vemos que se resiste a morir el modelo neoliberal y las recetas de sus gurúes, la vieja política, la impunidad. Vemos, también con esperanza las nuevas propuestas en la justicia, y las posibilidades abiertas para el juicio de genocidas, la apertura a una seria unidad latinoamericana, la actitud de diálogo y el tesón de la resistencia.

Sabemos que estos son sólo signos, y todavía es mucho lo que falta: trabajo, profetismo, transparencia, renovación de la dirigencia, firmeza, información, conciencia, organización y compromiso en la lucha contra la pobreza.

Por todo esto, como servidores del Pueblo de Dios, queremos seguir con la mirada atenta para renovar nuestro compromiso junto a los pobres y enfrentando todo aquello que causa su dolor o su muerte. Sabemos que Dios no es indiferente a su sufrimiento, y con Jesús de Nazaret queremos reconocer que el Espíritu del Señor nos “ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”. (Lc 4,18-19)


San Miguel, Buenos Aires 21 de agosto 2003

 

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