America, Argentina
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    LA VERDAD LOS HARÁ LIBRES (Juan 8,32)

    "Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado;
    ni escondido, que no haya de salir a la luz.; (Marcos 4,22.)"


    Estos días, en que hacemos memoria de los primeros pasos de la independencia de nuestra Patria, nos encuentran inmersos en un proceso electoral. A nuestro juicio, en estas elecciones está en juego mucho más que un modelo económico o afinidades políticas o ideológicas: lo que está sometido a escrutinio es el mismísimo sustento ético de la Patria que queremos y, en definitiva, qué clase de personas somos.

    El fracaso estrepitoso del actual gobierno, tanto en el orden político como económico y, sobre todo, social, no sólo se debe a políticas económicas (sometidas a las decisiones de poderes foráneos) que enriquecen a unos pocos y condenan al hambre a una inmensa proporción de los que habitan esta bendita Patria del pan (además de su ineptitud y negligencia), sino también al rencor y al ánimo de revancha que ha dirigido sus acciones. Se ha manejado como si la justicia fuese un instrumento del Poder Ejecutivo, como lo muestra el juicio que se inició hoy y los otros procesos en que involucran a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

    No se entiende la saña con que se persigue judicialmente al anterior gobierno, sin ese rencor que en mucho se asemeja a un “odio de clase” y creyendo que, de esa manera, conseguirá recuperar algo del crédito que ha perdido ante la sociedad. Pero no se puede esconder ya la manipulación de la justicia: el caso D’Alessio ha dejado al descubierto la impudicia y mentira con que se han armado causas, preparado testigos, extorsionado a otros… y todo desde el seno mismo del Ejecutivo.

    Hace unos meses hicimos un llamado a los políticos que quieren otro modelo de Patria, en la que los pobres cuenten −los que Jesús llamaba “benditos de mi Padre” (Mateo25,34)−, en la que se les garantice el derecho a una vivienda digna, a la salud, a la alimentación y a un trabajo bien remunerado. Les pedimos la generosidad de dejar de lado intereses sectoriales y personales, para pensar juntos una Patria de hermanos que sea una alternativa realista al país de unos pocos que quiere este gobierno.

    Saludamos, por eso, la voluntad de buscar esos consensos que han manifestado Alberto Fernández y Cristina Fernández de K. al presentar la fórmula con que se presentarán a las PASO. Creemos que ése es el camino para reconstruir la Patria. “Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura; (Mateo 24,34)

    Que los Beatos Mártires Riojanos, Enrique, Wenceslao, Carlos y Gabriel, testigos de la opción por los pobres, nos guíen con su ejemplo en esa tarea. Como ellos busquemos juntos la Justicia y la Paz.

    Secretariado del Grupo Curas en la Opción por los Pobres
    21 de mayo de 2019

    (78)

    A LA COMUNIDAD PARROQUIAL DE LA ISLA MACIEL

     

    Como grupo de curas en la opción por los pobres, queremos solidarizarnos con la comunidad de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima de la Isla Maciel, que durante años fue acompañada pastoralmente por nuestro hermano, el padre Paco Olveira, de manera ejemplar.

    Es central para la identidad y la vida de un pueblo el ejercicio de la memoria. También para el Pueblo de Dios: construimos nuestra comunidad con el centro en la memoria del Misterio Pascual, la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, Buena Noticia anunciada a los pobres. Y esta memoria incluye, particularmente, la memoria de aquellos que, como el Maestro, entregaron su vida por devolver humanidad y dignidad a quienes son víctimas de la violencia y ambición de riquezas y poder de unos pocos.

    No es inocente que, a la par de empobrecer aún más a los más pobres de nuestra Patria, en estos tiempos se trate de obstaculizar e incluso silenciar el ejercicio de la memoria. Y, como cristianos, nos resulta particularmente escandaloso que, también en nuestra Iglesia, se trata de quebrar el espinazo de una comunidad prohibiéndole la memoria y borrando todos sus signos: es el eje de un modelo pastoral que pretende una grey dócil y obediente.

    Como pastores, tratamos de realizar nuestra misión recordando lo que decía San Agustín a los fieles de su diócesis: «Para ustedes soy obispo, con ustedes soy cristiano… Aquél es nombre del oficio recibido, éste es nombre de gracia; aquél, de peligro; éste, de salvación… A todos los debo amar... ayúdenme orando y obedeciendo; para que me deleite no tanto presidir cuanto servir» (Sermón 340). Por eso queremos llamar a nuestro hermano, el nuevo párroco de la Isla Maciel, a recapacitar recordando su condición de bautizado y, por tanto, ante todo hermano de los fieles de su comunidad, y sepa primero obedecer, como el santo obispo de Hipona, su historia y compromiso.

    Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
    En el año de los Mártires Riojanos, 20 de febrero de 2019

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Categoría padre: ROOT Categoría: Cartas y Firmas

ANTE AFIRMACIONES DEL OBISPO CASTRENSE

El día 26 de noviembre, el diario LA NACIÓN publicó una editorial exigiendo la aplicación de la ley 24.390, la “ley del 2x1”, a los casos de crímenes de lesa humanidad. La semana pasada, el 15 de diciembre, el obispo castrense, en carta al correo de lectores del mismo diario adhirió al contenido de dicha editorial, agregando a los argumentos “jurídicos” y “filosóficos” de la editorial, algún argumento de la “teología moral”. Creemos que es necesario responder a esas argumentaciones.

Dice la editorial de marras que “la ley que limitó el 2x1 en 2017 consagró una discriminación indebida con relación a los delitos de lesa humanidad”. Antes que nada, no deja de alegrarnos que tal editorial califique a los delitos que nos ocupan como lo que son: crímenes de “lesa humanidad” (aunque uno puede sospechar que no de buena gana). Si el diario utiliza la palabra discriminación en su sentido más originario de “distinción”, esa discriminación no es indebida: los crímenes de lesa humanidad son de una naturaleza muy distinta a otros crímenes. Por eso la ejecución de las sentencias, aún cuando puedan coincidir en penas aparentemente similares en el tiempo que se les asigna, deben conllevar distintos modos de ser tratadas.

Si la palabra discriminación se utiliza en el sentido más usado en nuestros días (que parece ser a lo que se apunta en la editorial), lo que querría decir la editorial es que los condenados por esos crímenes están siendo discriminados, también es falaz la argumentación. Sólo serían discriminados si se rompiera el principio de igualdad ante la ley. La igualdad ante la ley implica que todos estamos obligados por las mismas leyes, no que las penas y su ejecución deban ser iguales si dependen de la violación de leyes diversas y la valoración distinta de crímenes de muy distinta naturaleza.

También el principio de la interpretación más benigna de la ley debe distinguir la benignidad que puede aplicarse en el caso de cada ley. Y siempre, en estas distinciones, deben ser tenidos en cuenta, entre otras cosas, el daño ocasionado a la sociedad y la contumacia en el delito.
Mons. Olivera, a quien queremos reconocer un sincero interés en la reconciliación de la sociedad argentina, retoma el argumento de la discriminación desde una perspectiva de la moral teológica, preguntándose cómo es posible que “entre muchos aberrantes delitos algunos fueran más condenables/perdonables que otros”. Y sí, así debe ser: tal como distinguimos en la teología moral entre pecados leves y graves, entre pecados menos y más graves. Y lo mismo sucede con las penas de los pecados: en la teología más tradicional se reconoce que quien ha cometido un pecado leve, puede acercarse a recibir el sacramento de la Eucaristía, no así quienes han cometido pecados graves.

Y, distinguiendo aún entre quienes cometen pecados graves, hay pecados graves que pueden ser perdonados en una celebración normal del sacramento de la reconciliación y otros que, sufriendo la misma pena de no poder acercarse a comulgar, son sancionados con la excomunión por la particular gravedad del pecado y requieren otro tipo de proceso para ser absueltos. Y nada de esto significa discriminación del pecador.

Y, si Mons. Olivera está verdaderamente preocupado por la reconciliación de los argentinos, le pedimos encarecidamente que, en su atención pastoral a los detenidos por crímenes de lesa hanidad, se preocupe por lograr que ellos den los pasos previos necesarios para todo perdón y reconciliación: el reconocimiento y arrepentimiento del pecado, el pedido de perdón a la sociedad por las faltas cometidas contra ella y la reparación posible, alentándolos a decir dónde están los más de 400 hijos secuestrados, con sus identidades borradas, y así aportar evangélicamente a la verdad y la justicia que merecen tantas familias que aún buscan a sus nietos e hijos. No recordamos que ninguno lo haya hecho. Ése será el momento de pensar en la benignidad.


Curas en la Opción por los Pobres
17 de diciembre de 2018

https://www.lanacion.com.ar/2196229-el-2x1-y-la-vigencia-de…



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