America, Argentina
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    NO HACEMOS POLÍTICA CON EL HAMBRE

    «Le preguntarán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?".
    Y él les responderá: "Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo".
    Éstos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna»

    (Mateo 25, 44-46)

    El Gobierno de la Nación pide a los opositores no hacer política con el hambre. Pero sus «voceros» lo hacen. Negar la urgencia del hambre de millones de ciudadanos que no alcanzan a satisfacer la canasta alimentaria básica es hacer política con el hambre. Mandar a rezar a los que pasan hambre es hacer política con el hambre y no evangelizar, como quiere hacer creer la diputada Carrió (que bien haría en ir a rezar ella misma, para pedirle a Dios que perdone su maldad). Negar las cifras que el mismo INDEC y el Observatorio Social de la UCA hacen públicas día a día es hacer política con el hambre. Y ser insensibles a los rostros y nombres que esconden esas cifras es inmoralidad.

    Pero no es hora de detenernos a hablar del cinismo y la maldad de quienes verdaderamente hacen política con el hambre: cinismo y maldad que, por otro lado, se comentan solos. Es hora de obrar en consecuencia del mandato que los votantes dieron al presidente y a los legisladores de servir al bien común. La Comisión de Pastoral Social del episcopado argentino, la misma cúpula del episcopado y numerosísimas organizaciones sociales vienen advirtiendo desde hace meses la necesidad de hacer frente a la emergencia alimentaria que atraviesa nuestra Patria.

    Por eso saludamos y adherimos a la iniciativa de los legisladores que quieren promulgar una Ley de Emergencia Alimentaria en el parlamento. Exigimos a los legisladores oficialistas acompañar la iniciativa y al gobierno nacional ejecutar esa ley. Y si tienen problemas para saber de dónde podrán salir los fondos para solventar la emergencia alimentaria, como preguntó el ¡ministro de Educación!, le sugerimos la promulgación de un Decreto de Necesidad y Urgencia que expropie los bienes de quienes protagonizaron la fuga de capitales que sumió al país en esta crisis, comenzando por sus miembros y ex miembros.

    Grupo de Curas en la Opción por los Pobres,
    10 de setiembre de 2019

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    Mensaje a las comunidades y al pueblo del que formamos parte:

     

    Como grupo de curas opp nos hemos reunido en estos días en nuestro encuentro anual. Nos convocó, este año, reflexionar con motivo de los 50 años del documento de los obispos argentinos conocido como “San Miguel”; documento en el cual la Iglesia reafirmó su saberse pueblo de Dios en medio del pueblo argentino. Eso queremos ser, sabiendo que, desde 1969 a nuestros días, muchas cosas han cambiado.

    No entendemos que el pueblo sea el conjunto de los ciudadanos de la Nación, porque sabemos bien que hay quienes no defienden los intereses del pueblo sino los propios, o los de su clase o sus familiares y amigos. Un pueblo tiene un proyecto que es de vida y esperanza, de solidaridad y vida en comunidad. Vida en la que llora sus muertos, se solidariza con los dolores y celebra sus fiestas, comparte sus bienes y su fe, y brinda en los espacios de esperanza.

    Caminando y viviendo en medio del pueblo, del que formamos parte, podemos ser testigos de sus lágrimas y de sus dolores. Las angustias por no tener pan y trabajo, por la salud amenazada, por los niños ya no sin futuro sino casi sin presente, por los ancianos de los que el Estado se desentiende en sus medicamentos y sus jubilaciones, y, esto, además, siendo testigos de la mentira cínica y casi burlona de los gobernantes. Compartimos el dolor que padece nuestro pueblo, pero somos testigos también de la esperanza que se ve en sus ojos y sus gestos desde las recientes elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias. Elecciones por las que los poderosos quisieron castigar a los pobres y al pueblo todo poniendo en riesgo, más aún, la estabilidad social y económica jugando con el mercado, subiendo deliberadamente el dólar para castigar a los que no los votaron y comprometiendo el futuro, ya difícil, que espera a los próximos gobernantes.

    Nuestra mirada quiere partir, teniendo un oído en el Evangelio y el otro en el pueblo, como siempre lo hemos intentado hacer, desde el lugar de las víctimas: los niños y los ancianos, las mujeres víctimas del patriarcado y la violencia del que pretende adueñarse de sus vidas y sus cuerpos, las personas presas políticas y quienes padecen la injusticia de un poder judicial cómplice de los poderes de ayer o de hoy, de los y las pobres y los desocupados, migrantes y enfermos, el campesinado y quienes son desposeídos de sus tierras por los amigos del poder, de las víctimas del extractivismo y quienes son invisibilizados e invisibilizadas por causas de sus etnias, sus elecciones personales, su situación social o económica, de todos aquellas y aquellos a los que desde el poder se victimiza. Querer ubicarnos del lado de las víctimas del sistema que mata a los más pobres y mirar desde su situación nos hace aprender a mirar con los ojos de Jesús de Nazaret ejecutado por los poderosos, y miembro de un pueblo victimizado por el imperio.

    Mirando con la nueva esperanza que se vislumbra en el horizonte, quisiéramos decirles a los gobernantes que asumirán en los próximos meses que no se olviden de las víctimas que hemos mencionado anteriormente; que ante la nueva deuda externa contraída irresponsablemente recuerden que los y las pobres están siempre primero. Que escuchen sus alegrías y dolores, que los y las tengan en cuenta en cada una de sus acciones y palabras y que lleven una vida austera conforme a la existencia que tanto le cuesta llevar adelante a nuestro pueblo.

    En el pasado mes de abril la Iglesia argentina pudo celebrar la beatificación de los mártires Carlos, Gabriel, Wenceslao y Enrique, a los que llamamos “mártires riojanos” porque es allí donde eligieron sembrar vida y gastarla hasta el final. A ellos les pedimos que intercedan por el futuro de nuestra Nación, por los responsables tanto de la Iglesia, que debe ser pueblo de Dios en medio de los pueblos, como de la Patria que empezamos a transitar, para que sepan mirar al pueblo, escucharlo y servirlo. Sabemos que “pueblo es el que no oprime y lucha contra la opresión”, y por eso queremos poner en ellos el oído que nos desafía a hundir nuestras raíces en la Madre Tierra de todas y todos y así, con el otro oído puesto en el Evangelio, trabajar y soñar con un mañana nuevo como el que el pueblo añora desde sus dolores cotidianos. Es desde y con las víctimas que una vez más, queremos seguir andando, nomás.

    Curas opp, Villa Allende 22 de agosto 2019

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Categoría padre: ROOT Categoría: Cartas y Firmas

En estos tiempos de Navidad, celebramos al Dios con nosotros, a la Palabra hecha carne. El Dios encarnado nos invita a vivir nuestra fe en la historia, con los pies en el barro de la vida y el destino de nuestros pueblos que caminan en busca de dignidad, libertad y justicia.

 La proximidad de los 40 años del comienzo de la Dictadura que enlutó nuestra Patria, y un aparente cambio en la actitud de la jerarquía eclesiástica frente a las víctimas del Genocidio nos invitan a reflexionar, como miembros de la Iglesia, sobre las relaciones del episcopado con la Dictadura y sus consecuencias que perduran hasta hoy.

Hubo miembros del episcopado que tuvieron un rol activo en la dictadura aportando ideología y bendición a los genocidas. Hubo obispos temerosos, los hubo desconocidos para la mayoría, y los hubo también comprometidos en la defensa de los Derechos Humanos, y hasta mártires, entre quienes mencionamos a Enrique Angelelli como caso emblemático. Sin embargo, la cúpula del Episcopado mostró impúdicamente una escandalosa cercanía a las juntas militares y un silenciamiento o búsqueda de disciplinar a la “Iglesia de los pobres”. Esta cercanía, además, se manifestó y se sigue manifestando en sus relaciones con el modelo económico liberal, que comenzó con la dictadura militar, y continuó con el neoliberalismo (1989-2003). Consideramos que aquel modelo económico de exclusión y libre mercado fue parte del genocidio.

El aparente cambio que se manifiesta en el Episcopado “exhortando” a los que se sientan “moralmente obligados” a “recurrir a las autoridades pertinentes” y tengan datos sobre desaparecidos, o sobre los niños apropiados no parece coherente con la presencia de agentes del establishment o del pensamiento económico liberal tanto en comisiones episcopales como en Universidades como la UCA, supuestamente “católica”, ni con la distante relación con los organismos de Derechos Humanos o la falta de aportes a la memoria colectiva.

El cambio de actitud del Episcopado, que celebramos, en continuidad con otros gestos del Obispo de Roma, nos parece que debe ir acompañado de otras actitudes de clara defensa de los Derechos Humanos, de reconocimiento explícito de los pecados y omisiones pasadas, de la exigencia a capellanes militares o de fuerzas de seguridad de brindar toda la información disponible, y un intento claro de reparar la actitud cómplice de la Iglesia ante la dictadura cívico-militar-eclesiástica-empresarial.

Queremos ser una Iglesia pobre y de los pobres. Es lo que manifiesta el gesto sencillo de Dios al elegir su nacimiento en medio de un pueblo sencillo, en un modo sencillo y anunciado a los despreciados de su tiempo. Los signos de la presencia del reinado de Dios entre nosotros nos invitan a “anunciar buenas noticias a los pobres” y desde ellos mostrar a la sociedad toda que “otro mundo es posible. Otro mundo en el que se pueda “vivir bien” (sumaj kawsay / suma qamaña), como proponen nuestros hermanos de los pueblos andinos.

Otro mundo donde a la vieja pregunta de nuestros hermanos mayores, los Curas del Tercer Mundo, “Feliz Navidad, ¿para quién?” respondamos mirando cara a cara a los pobres, a los despreciados, a las víctimas para brindar con ellos por un mañana mejor. Y caminar juntos.

 

Grupo de Curas en la Opción por los Pobres

Navidad 2014

 

 

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