America, Argentina
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    CARTA ABIERTA AL PUEBLO ARGENTINO Y A TODOS Y TODAS LAS QUE HABITAN ESTE QUERIDO SUELO

     

     

    «”Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber?
    ¿Cuándo te vimos forastero, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?
    ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?”
    Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con
    el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”». (Mateo 25, 37-40)

    Hace ocho meses saludamos el comienzo de un nuevo período gubernamental que consolida la vigencia de la democracia en nuestro país. En ese momento expresamos nuestra confianza de que el nuevo gobierno, fruto de la unidad de quienes quieren una patria fraterna, justa y solidaria, ayudaría a nuestro país a superar la profunda crisis en que nos dejó el que probablemente fue el peor gobierno de nuestra breve historia democrática.

    Los propósitos expresados por quienes recibieron del pueblo el mandato de gobernar el país en este cuatrienio dieron fundamento a esa esperanza: la atención urgente del hambre que padece gran parte de la población, el cuidado de la tierra y los recursos naturales, la superación del endeudamiento masivo e irresponsable obrado por el gobierno anterior, la necesidad de integración a la Patria Grande, el saneamiento de la justicia viciada por los intereses políticos y económicos, la transparencia del gasto público, el fortalecimiento del federalismo… Escuchamos a un presidente expresar estos propósitos. Confiamos en su sinceridad, en que no se trata de otro engaño: es lo que Dios y nuestra Patria le demandan.

    Sabemos de las enormes dificultades y los obstáculos que el cumplimiento de esos propósitos encontraría en «tiempos normales». Las fuerzas de quienes tienen intereses mezquinos siguen vigentes y son muchos los que no adhieren a este sueño colectivo de felicidad sin exclusiones. Pero fue entonces que, para multiplicar las dificultades, nos sorprendió esta pandemia que asola el mundo. Y nos encontramos con un presidente y un gobierno que privilegia la vida y pone todo su esfuerzo en cuidarla, como nos enseña Jesús. Hemos podido comprobarlo en el encuentro que tuvimos algunos de nosotros con el Presidente y los diputados Kirchner y Valdez, en el que tuvimos oportunidad de presentarles nuestras inquietudes, sobre todo en lo que hace a la situación del conurbano bonaerense.

    Por eso saludamos las medidas implementadas para paliar las inmensas dificultades que padece la población más vulnerable de nuestro país: el fortalecimiento acelerado de una salud pública que había sido descuidada y despreciada, el apoyo a las familias más empobrecidas, la ayuda a las pequeñas y medianas empresas y otra cantidad de medidas que, aunque sabemos que siempre terminan siendo insuficientes, han servido para evitar un desastre mayor.

    Y, en el medio de las exigencias de la pandemia, se han llevado adelante con éxito las negociaciones para lograr un acuerdo con los acreedores privados internacionales, que permitirá un ahorro que podrá aplicarse en los próximos años a la recuperación económica y social de nuestra patria.

    Todo esto enfrentando a una feroz e inmoral oposición de los poderes mediáticos, económicos y políticos que parecen decididos a no dejar gobernar, en el mejor de los casos, o hacer caer un gobierno que todavía no ha cumplido un año. Poderes que no pierden ocasión para generar descontento: difundir mentiras o medias verdades, llamar irresponsablemente a concentraciones que se han constituido en fuente de innumerables contagios, mientras permanecen ellos cuidados en sus hogares o vacacionando en el extranjero.

    Como curas que hemos optado por estar junto a nuestro pueblo, experimentamos día a día las enormes dificultades que siguen teniendo los más pobres no sólo para llegar a fin de mes, sino, sobre todo, para poder poner cada día un plato en la mesa. Pero somos también testigos de la creatividad con la que se tejen iniciativas solidarias para compartir la mesa de la vida. Llevamos meses sin poder compartir con normalidad la mesa de la Eucaristía. La Eucaristía no es un derecho: es el don de la Vida entregada por Jesucristo. Por eso estamos convencidos de que Jesús está igualmente presente en los lazos de comunión que esa solidaridad está tejiendo. Porque queremos dejar atrás un país para pocos, soñamos con una Patria para todos y todas donde los pobres sean los primeros en sentarse a la mesa y puedan celebrar el pan del trabajo y el vino de una vida plena.

    Seguiremos siendo hermanos para acompañar toda iniciativa a favor de nuestro pueblo. Cuenten con nosotros para ello. Pero también queremos ser hermanos para expresar nuestra preocupación cuando sintamos que se traicionan los principios y los ideales que declaró el Presidente cuando asumió su mando. No dejemos de soñar juntos por una Patria donde reinen el amor y la igualdad. Busquemos en los clamores de nuestro Pueblo la voz del Dios de la Vida.

    Parafraseando aquella voz que resonó en la Plaza de Mayo el pasado 10 de diciembre: “Confiemos en el pueblo. El pueblo no traiciona, sólo pide que lo defiendan y lo representen”

    Renovamos nuestro compromiso junto al pueblo y a los pobres. Nos ilumina el ejemplo de tantos que entregaron su vida al servicio de la liberación de los pobres en nuestro país y nuestro continente y en cuya protección confiamos; especialmente tenemos presentes a los mártires riojanos, los beatos Enrique Angelelli, Wenceslao Pedernera, Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, a San Oscar Romero, a monseñor Pedro Casaldáliga, fallecido este último sábado, y a Orlando Yorio (con quien tanto hemos compartido).

    Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
    10 de agosto de 2020

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    (29)

    EXTREMA INMORALIDAD

    Comunicado del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres

     

    En la segunda carta a los Tesalonicenses, San Pablo advierte que “el misterio de la iniquidad ya está actuando” (2 Tes 2,7). Desde entonces la Iglesia ha entendido que la denuncia del “misterio de la iniquidad” está comprendida necesariamente en su predicación, como lo expresó San Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi (N° 28). Desde esta obligación evangélica nos vemos compelidos a llamar la atención sobre acontecimientos de público conocimiento de estos últimos días.

    Desde hace ya varios meses la sociedad de nuestra patria viene soportando pacientemente los embates irresponsables y disolventes surgidos desde sectores importantes de la oposición al gobierno nacional. Autoerigidos defensores de la democracia y la institucionalidad vienen pervirtiendo el legítimo derecho a la oposición y al disenso atacando sistemáticamente las bases de la misma institucionalidad y la democracia. Políticos por cuenta individual y direcciones partidarias, con la complicidad de buena parte de los medios de comunicación, se han propuesto minar la autoridad política y moral de aquellos sobre quien recae la responsabilidad de gobernar y guiar al país en estos momentos de enormes dificultades sanitarias, económicas y sociales.

    Hemos tenido que asistir (y soportar) impávidos a peligrosas argumentaciones anticuarentena, llamamientos a concentraciones que ponen en riesgo la salud de los asistentes (llevando probablemente al contagio y la muerte a un participante y activo convocante de esas protestas), invitaciones a armarse, amenazas de separatismos provinciales y otra larga colección de etcéteras: todo fundándose en la tergiversación de la verdad y mentiras lisas y llanas. Pero el despreciable comunicado de la dirección de Juntos por el Cambio con ocasión del asesinato de Fabián Gutiérrez ha llevado la paciencia ética de la sociedad al límite de lo tolerable. La supuesta “extrema gravedad institucional” que adjudican al desgraciado acontecimiento vuelve a revelar la “extrema inmoralidad”, la catadura ética de personajes que bien conocemos., la barbarie de quienes dicen representar la civilización. Parece no importarles hundir a la misma patria, con tal de que fracase el actual gobierno.

    Cuando la inmoralidad se enseñorea de la política, se disuelven las bases de la convivencia y la cohesión social. Estamos convencidos de que es precisamente esa disolución lo que estos “dirigentes”, verdaderos agentes del mal, se han propuesto como finalidad: imposibilitar el diálogo y la búsqueda de los consensos necesarios para atravesar la crisis que atraviesa nuestra patria y de la que en buena medida han sido responsables.

    Como cristianos y sacerdotes nos obliga el Evangelio; como ciudadanos (y a todos los ciudadanos) nos obligan la Verdad y la Justicia, la Paz y la Solidaridad: no podemos sino expresar nuestro repudio y desprecio de este modo de obrar. Hacemos un llamamiento a la sociedad entera, independientemente de sus simpatías políticas, a demostrar que no estamos dispuestos a dejarnos dirigir por el odio y la mentira.

    Secretariado del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
    6 de julio de 2020

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    (158)

     

Categoría padre: ROOT Categoría: Cartas y Firmas

Las informaciones que se han hecho públicas dicen que el Obispo Castrense, Mons. Baseotto se ha reunido con 7 miembros de la Corte Suprema de Justicia para solicitar que se reconozca -en nombre de la inquietud de sus fieles, las FFAA- la constitucionalidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Los abajo firmantes rechazamos tanto esta solicitud del Obispo Castrense que parece ser cierta, ya que no la ha desmentido- como la posibilidad de que las leyes de la impunidad sean reconocidas como constitucionales por una Corte de dudosa legitimidad.

 

++++++++++++++++++++++

 

            Como Obispo de Roma, y Pastor de la Iglesia universal, el Papa debe velar por el cuidado de toda la Iglesia. Muchas veces, una medida que puede ser positiva para toda la Iglesia, puede no ser la medida deseada en un determinado tiempo y lugar.  

            Este parece ser el caso de la erección de diócesis castrenses en determinados lugares del mundo. Después de las atrocidades y crímenes aberrantes, del terrorismo de estado y la cobardía manifiesta de abusar de mujeres, apropiarse de menores, torturar y asesinar a personas detenidas e indefensas, violar la propiedad privada de los detenidos, las Fuerzas Armadas Argentinas estuvieron ante la oportunidad única de reconciliarse con la sociedad juzgando a los principales responsables.  

            Prefirieron, en cambio, asumir una actitud de cuerpo y actuar como tal. Hubo sí, una actitud pública teórica del general Martín Balza, pero las actitudes del mismo Ejército en ese momento (recordemos la actitud de generales retirados) y las de su sucesor, el general Brinzoni, mostraron que las palabras del general no eran la palabra del Ejército Argentino.  

            Es a estas Fuerzas Armadas, y en este tiempo, que se las ha reconocido como una Diócesis, ya no territorial, sino temática, con seminario propio, catedral propia y obispo propio. Desde hace unos pocos meses fue elegido para este cargo, Mons. Antonio Juan Baseotto.  

            Con respecto al mismo período de tiempo, la Conferencia Episcopal Argentina siguió otro camino, diferente al seguido por las FFAA, y de un modo que para muchos fue tardío e insuficiente- pidió perdón a la sociedad. Es justo decir que no hicieron lo mismo otros grupos de la nación (empresarios, MCS, sindicatos...). Sin embargo, en lamentable coherencia con otros obispos castrenses, como Tortolo y Bonamín, el hoy titular del Obispado Castrense, Mons. Baseotto, parece actuar más en coherencia con los cuerpos del Ejército, que con las palabras de los Obispos.

 

            Dice Mons. Baseotto que tuvo una reunión con los miembros (7 de ellos) de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. El objetivo de la misma era velar por la inquietud de sus fieles, refiriéndose a la incertidumbre de varios miembros de las Fuerzas Armadas por la posibilidad de que las leyes de Punto Final y Obediencia Debida sean declaradas inconstitucionales. Mons. Baseotto, antes de desempeñarse como obispo castrense, fue obispo de Añatuya, en Santiago del Estero, una de las diócesis más pobres del país. Y nunca que nos conste- se reunió con el más alto tribunal para velar por la inquietud de sus fieles. Durante más de una década decenas de leyes perjudicaron en particular a los más pobres, y no se oyó jamás la voz del Obispo (recordando, además, que era el encargado nacional de la Colecta Más por Menos).  

 

            Podríamos nombrar decenas de leyes, algunas de dudosa constitucionalidad, que jamás merecieron comentario público del Obispo. No se lo escuchó hablar de las privatizaciones, de la destrucción del aparato productivo, de la aniquilación de las economías regionales, de las rebajas de salarios, del descuento del 13 % a los jubilados... El Obispo permaneció en silencio, al menos ante la Corte Suprema.

 

            Las leyes de Punto Final y Obediencia Debida buscaban, se dijo de un modo falaz, la pacificación. Es evidente que ello no ocurrió, y que el Obispo insista en lo mismo revela si no ignorancia, ingenuidad, o incluso complicidad. Si todos somos iguales ante la ley, ¿por qué existe una ley de Punto Final? ¿existe una ley análoga para delitos comunes, o de los comunes? Sobre la Obediencia Debida, el mismo Concilio Vaticano II (Gaudium et Spes 79), que el Obispo debe haber leído, hace expresa crítica a cualquier argumento semejante:

 

            Teniendo presente esta postración de la humanidad el Concilio pretende recordar ante todo la vigencia permanente del derecho natural de gentes y de sus principios universales. La misma conciencia del género humano proclama con firmeza, cada vez más, estos principios.

            Los actos, pues, que se oponen deliberadamente a tales principios y las órdenes que mandan tales actos, son criminales y la obediencia ciega no puede excusar a quienes las acatan. Entre estos actos hay que enumerar ante todo aquellos con los que metódicamente se extermina a todo un pueblo, raza o minoría étnica: hay que condenar con energía tales actos como crímenes horrendos; se ha de encomiar, en cambio, al máximo la valentía de los que no temen oponerse abiertamente a los que ordenan semejantes cosas.  

 

            Cuando visitó Roma para la visita periódica al Papa, con ocasión de los saqueos y movimientos populares del 2001 -quizá haciendo campaña para el Obispado Castrense- Baseotto afirmó que en el Gran Buenos Aires la gente estaba armada, y que había células de la guerrilla latinoamericana. Quizá por estar en un pueblo olvidado de las autoridades, el obispo desconozca la realidad del Gran Buenos Aires: después de los saqueos, las fuerzas policiales fueron por todos los barrios alentando el miedo e informando que de barrios vecinos (en general nombrando los barrios pobres de supuesta mala fama: Villa Itatí, Fuerte Apache, la Cava...) venían hordas a saquear barrios. Esto, que luego fue interpretado como un operativo de desmovilización, en especial después que se decía- punteros políticos del Gran Buenos Aires- alentaron los saqueos, evidentemente condujo a que la gente mostrara sus armas. Es cierto que hay muchas armas en el Gran Buenos Aires, como así también las hay en muchos barrios de la Ciudad de Buenos Aires; ¡y armas muy importantes por cierto!, pero debería saber el Obispo (incluso Telenoche Investiga mostró algo de esto) que las armas les eran provistas o vendidas por los mismos organismos de seguridad -Ejército incluido- y no por guerrilleros latinoamericanos.

 

            Aún queda un elemento a tener en cuenta: la honorabilidad de la Corte Suprema. No es preciso hacer mención al enorme descrédito del que goza la Justicia en la población. Los mismos Obispos, en la frustrada Mesa del Diálogo hicieron referencia a la necesidad de muchas renuncias que nunca ocurrieron. Incluso un evidente chantaje frenó un juicio político que parecía bien encaminado. Recurrir, entonces, a una corte de la vergüenza, parece más destinado a lograr un escudo protector que a conseguir una imparcial administración de la justicia.  

 

            Visto todo esto podemos sintetizarlo de la siguiente manera: no se manifiesta un ardiente celo por la situación de los pobres; no hay una preocupación por la verdadera justicia, sino que se pretende influir sobre ella, como ya lo viene haciendo el Ejército; no se manifiesta fidelidad al Concilio Vaticano II; ni se procura una igualdad ante la Ley de todos los ciudadanos, entendiendo que hay ciudadanos de primera y de segunda; no parece haber coherencia con el Episcopado Argentino (al menos con lo que éste ha dicho públicamente); no parece preocupado por la verdad, sino que parece defender una ideología por todos conocida. Por todo esto, queremos expresar nuestro sincero rechazo:  

 

+ repudiamos las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y esperamos que se reconozca a la brevedad su inconstitucionalidad;

+ rechazamos el accionar de Mons. Baseotto y lo invitamos al silencio, al arrepentimiento y a una manifestación pública de fidelidad a la Iglesia, que sus actos manifiestan rechazar;

+ desconocemos la legitimidad de la actual Corte Suprema de Justicia que, aunque reconociera la inconstitucionalidad de las leyes en cuestión, se ha manifestado en reiteradas oportunidades comprometida incondicionalmente con el modelo y los personajes políticos que destruyeron la Nación, y perjudicaron en particular a los pobres;

+ invitamos al Ejército y demás fuerzas de la Nación, a comprometerse en la verdadera defensa de la Patria, defendiendo los derechos de los pobres, de las víctimas, reconociendo públicamente sus errores, renunciando a actitudes corporativas que defiendan a los responsables del horror y la muerte;

+ renovamos nuestro compromiso con la Paz, que supone verdad y justicia, como los mismos Obispos Argentinos lo han manifestado, y repudiamos el ocultamiento, la injusticia y el terrorismo de estado;

+ renovamos nuestro compromiso con la defensa de los Derechos Humanos y repudiamos toda violación de ayer o de hoy, amparada bajo la institución bajo la que se ampare;

+ rechazamos la Doctrina de la Seguridad Nacional, que enlutó nuestro país, y que es incluso- la ideología que pone a la humanidad ante el riesgo de una nueva guerra en Irak.

 

                                                                                                                     1 de marzo de 2003  

 

                  Sacerdotes

 Víctor Acha, Córdoba

Ponciano Acosta, Formosa

Pablo J. Agüero fm, Quilmes

Sergio Agüero fm, Merlo-Moreno

Nicolás Alessio, Córdoba

Ignacio Blanco, Quilmes

Javier Buere, Quilmes

Pablo J. Bustos sdb, Santa Rosa

Rubén Capitanio, Neuquén

Angel Mario Caputo, Quilmes

Lucio Carvalho Rodrigues, Quilmes

Marcelo Ciaramella, Quilmes

Néstor Cruz García, San Isidro

Juan Angel Deuzeide, San Carlos de Bariloche

Pablo Escariz, Merlo-Moreno

José Antonio Farfán palot, Córdoba  

Claudio Faivre Duboz, Alto Valle de Río Negro

Guillermo Fernández Beret op, Santiago del Estero

Hugo Finola, Quilmes

Fermín Gauna, Quilmes

Carlos Gómez, La Plata

Juan José Gravet, Rosario

Bernardo Hughes cp, Buenos Aires

Hernán Ingelmo, Neuquén

Juan Pablo Lavigne, Neuquén

Eduardo Leuzzi fm, Merlo-Moreno

Jorge Marenco, San Isidro

David Meza, Quilmes

Miguel Angel Muñoz sdb, Quilmes

Francisco Murray cp, Buenos Aires

Ernesto N. Narcisi, Humahuaca

Sergio Navarro, merced, Tucumán

Juan Carlos Ortiz, Córdoba

Magín Paez, Neuquén

Marcelo Pérez cp, Buenos Aires

José Piguillem, Merlo-Moreno

Carlos Ponce de León, Córdoba

Antonio Puigjané ofmCap, Buenos Aires

Antonio Qualizza, Neuquén

Roberto Queirolo, La Rioja

Vicente S. Reale, Mendoza

Luis Rodríguez svd, Lomas de Zamora

Juan José Romero palot, Córdoba

Julio Sabagh, Santiago del Estero

Carlos Saracini cp, Buenos Aires

Marcelo Sarrailh, Córdoba

Adolfo Segovia, Rosario

Eduardo de la Serna, Quilmes

Ramiro de la Serna ofm, Rio Cuarto

Daniel Siñeriz, Rosario

Teodoro Timpte, Quilmes

Salvador Yaco, Rosario

 

 

                  Religiosos, institutos seculares y diáconos

 Liliana Josefina Badaloni, Dominicas del Santísimo Nombre de Jesús

Leticia Batista, dominica

Alejandro Bruni, La Salle

María Regina Caride, Franciscanas Misioneras de María

Ricardo L. Carrizo (diácono), Quilmes

Teresa Cuningham, dominica

Ana Inés Facal, Franciscanas Misioneras de María

Caitríona Gorman, dominica

Ana Padró, cristífera

Martha Pelloni, carmelita misionera teresiana

Carlos Ramírez (diácono), Rosario

Cecilia Sayavedra, hijas de Jesús

Ariel Zottola, operario diocesano

 

 

                  Laicos

 Luis Angel Abdón, Neuquén

Guillermo Acedo, Lomas de Zamora

Maia Alaluf, Santa Fe

Juan Aníbal Albaytero, Quilmes

René Alcaraz, Rosario

Gabriel Andrade, Rosario

María Adela Antokoletz, Buenos Aires

María Clara Arvelo, Quilmes

María Patricia Astelarra, Buenos Aires

Luis Alejandro Auat, Santiago del Estero

Cristina Avendaño, Chubut

Viviana Avendaño, San Isidro

Soledad Badalá, Rosario

Antoni Badia, Barcelona, España

Roberto Baigorri, Rosario

Adelaide Baracco, Barcelona, España

María Laura Barral, Buenos Aires

María Adela Barraza, Córdoba

Ana Ramona Barrios, Reconquista

Nancy Bedford, Iglesia Evangélica Bautista

Viviana de Belluscio, Buenos Aires

Ramón Jerónimo Benítez, Reconquista

Nancy Bianco, Buenos Aires

Herman Blaumann, Bariloche

Fidel Luis Bocchicchio, Lomas de Zamora

Mary Boero, Neuquén

Máximo Boero, Neuquén

Nestor Borri, Buenos Aires

Susana Botindari, Quilmes

Rodolfo Braceli, Buenos Aires

Mirta Braida, Buenos Aires

Rodolfo Brardinelli, Quilmes

Catalina Brescia, Mar del Plata

Ernesto Bruna, Tucumán

Luis Bruna, Tucumán

Damián Burgardt (seminarista), Quilmes

Bernardo Busso, Neuquén

Claudia Candelmi, Neuquén

Cecilia Canevari, Santiago del Estero

Magdalena Canevari, Morón

Antonia Canizo, Lomas de Zamora

Osvaldo J. Capitanio, La Plata

Miguel Alberto Cárdenas, Neuquén

Silvia Carrafiello, Rosario

Jorge Carreras, Rosario

Andrea Castaño. Morón

Cristina Castello, Buenos Aires

Alejandro Castillo, Rosario

Rufino Castillo, Rosario

Gabriela Castori, Quilmes

José L. Chiclana (Neuquén)

María Josefina Chino (Buenos Aires)

Carolina Conegliano, Tucumán

Pablo I. Copati, Buenos Aires

Nancy Cordero, Tucumán

Carlos Corral, Mercedes-Luján

Rosa Correa, Neuquén

Graciela Córsico, Buenos Aires

Katherine Cortés Guerrieri, Buenos Aires

Margarita P. Cuenca, Quilmes

Marta Deschamps, Rosario

Alejandro Dausá, Cuba

Ana Del Castillo, Reconquista

Isabel Del Castillo, Reconquista

Sergio Del Castillo, Reconquista

Juan Carlos DiMarco, Iguazú

Zulma Duarte, Mercedes-Luján

Nora Enecoiz, Buenos Aires

Adrián Eslaiman, Morón

Nelly Evrard, Alto Valle de Río Negro

María Cristina Faris, Neuquén

Sandra Ferrero, Neuquén

Susana Ferrini Colodrero, Córdoba

Liliana Fontán, Buenos Aires

Raúl Franco, Rosario

Lorena Gargiulo, Lomas de Zamora

Pablo Herrero Garisto, Avellaneda-Lanús

Dora Giannoni, Buenos Aires

Lidia Giannoni, Buenos Aires 

Marcelo Gil, Buenos Aires

Griselda González, Neuquén

Octavio Groppa, Buenos Aires

Ana Maria Guedón, Rosario

Valeria Herrera, Buenos Aires

Omar Huenchuleo, Neuquén

Ernesto Iglesias, Madrid, España

Omar Isern, Rosario

Ignacio de Isla, Lomas de Zamora

Ana María Ithurralde, Quilmes

Marta I. Kaupert, Neuquén

Juan Andrés Leiva, Mendoza

Josefa Lepori, Neuquén

Sylvia Lesa, San Roque

Cecilia Lipszyc, Buenos Aires

Mariángeles López, Santa Fe

Carlos López de Belva, Buenos Aires

Dante López Foresi, Buenos Aires

Liliana López Foresi, Buenos Aires

Salvador María Lozada, La Plata

Horacio Machado Aráoz, Catamarca

Daniel Maidana, Bahía Blanca

Fortunato Mallimacci, Buenos Aires

Mirta Mansilla, Quilmes

María Belén Mantilaro, Neuquén

Guillermina I. Marino, Quilmes

Marcelo Marmet, Paraná

Maria Laura Méndez, Rosario

Mirta Edith Mercado, Neuquén

Rafael Monti, Rosario

Alejandra Morzán Avellaneda, Reconquista

Patricia Elizabeth Müller, Iglesia Evangélica del Río de la Plata, Misiones

Gustavo Naser, Córdoba

Concepción Nicolás Martínez, Murcia, España

Valeria Nicora, Córdoba

María Ester Obarrio, San Isidro

Emilio Ricardo Ocampo, Neuquén

Cecilia Olguín, Neuquén

Margarita Rosa Osés, Neuquén

Lydia Pallavicini, Morón

Francisco J. Parra, Córdoba

Cecilia Percara, Neuquén

José Luis Pereira, Neuquén

Leonardo Pérez Esquivel, Buenos Aires

Elena Picasso, Neuquén

Osvaldo M. Pisso, Rosario

María Gabriela Pisani, Quilmes

Jesús Plaza, La Plata

Matilde Quarraccino, San Isidro

Walter Quiroga, Francia

Inés de Ragni, Neuquén

Oscar Ragni, Neuquén

Héctor Hugo Rearte, Neuquén

Dolores de Rigoni, Neuquén

Peter Herman Rochón, Iglesia Evangélica del Río de la Plata, Misiones

Angel Rodríguez Melgarejo, Buenos Aires

Julio Rudman, Mendoza

Verónica Rusch, Río Negro

Jorge Nelson Salaburu, Neuquén

Cecilia Salguero, Neuquén

Gloria Elizabeth Sánchez, Neuquén

María A. Santella, Quilmes

Mónica Scagliotti, Buenos Aires

Antonio Marín Segovia, Valencia, España

Fátima Setti, Tucumán

Andrea F. Silva, San Isidro

Pedro Bernardo Solís Cordova, Neuquén

Jorge Soneira, Buenos Aires

Daniel Sotelo, Lomas de Zamora

Daniel Sticotti, Morón

María del Carmen Suárez, Tucumán

Eduardo C. P. Valli, Azul

María Cristina Van Gelderen, San Isidro

Jorge Weishein, Vicario, Iglesia Evangélica del Río de la Plata, Misiones

Roberto White, Rosario

Ezequiel Zapiola,San Isidro

María Antonia Zapiola, San Isidro

Edgar Zavala Rubio, Neuquén

Graciela Zolezzi, San Isidro

 

                  Comunidades

 Agrup. “Mayo”, Facultad Ciencias Sociales, Univ. El Salvador

Al Sur del Sur. Plataforma contra la Impunidad y los DDHH (España)

Asamblea de Mujeres por la Paz (España)

Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Plata (Mesa Directiva)

Asamblea Popular Intersalud de Tigre (San Isidro)

Asoc. Argentina Pro-Derechos Humanos (Madrid - España)

Asoc. Civil Madre Tierra (Merlo-Moreno y Morón)

Asoc. Madres de Plaza de Mayo (Delegación Neuquén y Alto Valle)

Associació de veïns i cultural Cercle Obert de Benicalap, Iniciativas Sociales y Culturales de Futuro (Valencia - España)

Carpa de la Resistencia (Rosario)  

Carpa de la Unidad (Ex-Cordón Industrial, Rosario)

CEBs (Rosario)

Centro Nueva Tierra (Buenos Aires)

Comunidad Adsis, Florencio Varela (Quilmes)

Comunidad San Pablo (Neuquén)

Comunidades de Base (Córdoba)

Comunidades Cristianas por la Justicia y la Dignidad (Córdoba)

Comunidades parroquiales de las parroquias San Cayetano, Crucifixión del Señor, Niño Jesús de Praga, María y José, Ntra. Sra. del Valle, Preciosísima Sangre (Córdoba)

C.T.A. (Buenos Aires)

Equipo de Pastoral Social (Neuquén)

Fundación Jaime de Nevares - Centro de Capacitación Laboral y Organización Solidaria (Neuquén)

Fundación SERPAC (Servicio para la Comunicación y Capacitación, de la Diócesis de Neuquén)

Grupo de Apoyo a Madres, de Neuquén  

Grupo Obispo Angelelli (Rosario).

Grupo Seminarios de Teología (Córdoba)

Grupo Seminarios de Teología (Misiones)

Hogares La Paz (Avellaneda - Lanús)

Radio Comunidad E. Angelelli F.M. 106 (Neuquén)

Red de Fe y Política (regional Córdoba)

Red de Fe y Política (regional Misiones)

Red por la Cultura de la No Violencia (Santiago del Estero)

Talleres de Creaciones Populares (Quilmes)

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