America, Argentina
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    ES HORA DE CRECER EN LA SOLIDARIDAD

    Grupo de Curas en la Opción por los Pobres


    «Ayúdense mutuamente a llevar las cargas, y así cumplirán la Ley de Cristo»
    (Gálatas 6,2)

    Vivimos horas difíciles en la Argentina y el mundo. La crisis de salud ocasionada por el coronavirus, que además ocasiona una crisis económica de alcance mundial, pero que afecta a cada país de manera diferente, nos obliga a repensar muchas cosas a nivel personal y también como sociedad.

    Las instituciones y autoridades sanitarias de todos los niveles han urgido a tomar medidas de «aislamiento social» como lo más efectivo para desacelerar el avance de la enfermedad y poder tratar más efectivamente a los que son más vulnerables al contagio y a la acción del virus. En nuestro país, como en muchos otros, se ha decretado una cuarentena por lo menos hasta el fin de mes.

    Estar aislados en nuestros hogares las 24 horas del día es algo a lo que no estamos acostumbrados. Son, al menos, ocho horas más de convivencia obligada a las que cada familia deberá darle uso y sentido. Puede ser una oportunidad para estrechar los lazos familiares, y ésa es la mejor manera de manejarlo. Pero también puede ser la ocasión de ahondar otra pandemia que es la violencia familiar y de género: hay que estar atentos.

    Hay muchos habitantes de nuestra patria que no podrán cumplir con este asilamiento. Para empezar: el personal sanitario, los proveedores de bienes y servicios indispensables para la vida cotidiana, autoridades, etc. Pero muchos más son los que, por las condiciones precarias de su vida cotidiana, no tienen la posibilidad de cumplir efectivamente con las medidas decretadas.

    Es una situación en la que la presencia o ausencia del Estado, que debe velar por el bien común, aparecen en todas sus consecuencias. El empobrecimiento y el empeoramiento en estos últimos años de las condiciones habitacionales de la población más vulnerable y el deterioro de la salud pública, hace a los más pobres todavía más vulnerables. Hay que confiar que las autoridades sabrán atender estos «puntos débiles» de la cuarentena.

    Las medidas adoptadas por el gobierno nacional, acompañado por los estados provinciales (y con el consenso de la oposición) parecen ser las apropiadas y deben ser acompañadas por nosotros con responsabilidad y solidaridad con los demás. Nos hablan también de la importancia de la presencia del Estado, en particular de la Salud Pública, tan castigada en los últimos años. No es hora, aunque habrá que hacerlo en algún momento, de llamar a los culpables a asumir su cuota de culpa. Es hora de unirnos para actuar proactiva y positivamente para disminuir los riesgos, para hacernos responsables unos de otros y para crecer en la solidaridad, cumpliendo con las medidas implementadas. Es también hora de hacer cumplir las leyes a los egoístas e irresponsables que sólo piensan en sí mismos: es muy triste ver cómo, quienes tienen posibilidades económicas o sociales, no se hacen cargo de la situación que atraviesa nuestra sociedad y ponen en peligro a todos.

    No hay que ser alarmistas ni, mucho menos, apocalípticos. No hay que hacerse eco de falsas noticias y hay que recurrir a la información oficial. Las redes sociales están infectadas de estas «fake news» y de oraciones apocalípticas que generan una paranoia colectiva. No les hagan caso. Hay que rezar, sí, pero no pidiendo o invocando milagros caídos del cielo. Hay que rezar por los enfermos y los que los cuidan, por los profesionales que los atienden, por los investigadores que buscan una cura, por las autoridades que deben guiarnos en este momento, para que usen todas sus capacidades ordenadas al bien de todos.

    Como curas nos ponemos a disposición de ustedes para acompañar a nuestro pueblo desde lo que podemos y lo que nos permiten las circunstancias.

    Que el Buen Dios nos bendiga a todos y nos ilumine para hacer frente a este momento con solidaridad, caridad y justicia.

    Secretariado del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres.
    20 de marzo de 2020

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    Twitter @GrupoCurasOPP

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    MENSAJE DE NAVIDAD

    Grupo de Curas en la Opción por los Pobres



    “Les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo” (Lc 2,10)

    Hace más de dos mil años José y María buscaban lugar para que el Hijo de Dios puediese “acampar” entre nosotros y nosotras (cf. Jn 1,14). La opresión del imperio romano ahogaba la economía del pueblo de Israel y se hacía sentir en quienes habían sido excluidos de la mesa de la vida. El sistema religioso judío se había tornado leguleyo y rígido, hipócrita y alejado de la vida del pueblo más pobre. Pero en el Niño de Belén viene Dios a encender la esperanza de todos y todas, especialmente la de los más humildes de entonces y de ahora.

    Hoy como ayer creemos que la Navidad es un canto de esperanza. Es anuncio de algo nuevo que Dios quiere hacer en la humanidad. Y especialmente es el anuncio de buenas nuevas a los pobres (cf. Is 61,1).

    Por eso nuestra esperanza cristiana se une a la esperanza puesta por nuestro pueblo en este nuevo tiempo en la democracia de la Patria. Todavía resuenan en nosotros las vivencias del pasado 10 de diciembre. Volvieron a escucharse palabras de consuelo para el bien de nuestro pueblo, para la vida de los más frágiles.

    Los propósitos asumidos por el nuevo gobierno nos inspiran confianza. Se atenderá con urgencia el hambre y el endeudamiento de nuestro pueblo. Pagaremos a los acreedores, pero no a costa de la vida del pueblo y de los pobres. Volvimos a escuchar la necesidad de integrarnos a la Patria Grande. Malvinas y su soberanía volverán a ser asuntos de Estado. Se cuidará de la tierra y de los recursos naturales como nos pide Francisco en “Laudato Si”. Se declara la emergencia social. Se volvió a pronunciar el “nunca más” que promete sanear el sistema judicial y acercar a todos y a todas una justicia largamente esperada. No se respaldará la política de la represión y el gatillo fácil. Ya no se sostendrán fondos secretos y reservados. Escuchamos que la mujer y los jóvenes estarán en el centro de la preocupación de este nuevo gobierno. Se buscará crecer en federalismo.

    Escuchamos a un presidente expresar estos propósitos. Confiamos en su sinceridad, en que no se trata de otro engaño: es lo que Dios y nuestra Patria le demandan. Sabemos que no será fácil “poner de pie” a nuestra querido país. Todavía hay deudas pendientes como la de nuestras presas y presos políticos. Las fuerzas de quienes tienen intereses mezquinos siguen vigentes. No todos adhieren a este sueño colectivo de felicidad sin exclusiones.

    Pero esta Navidad nos ofrece una nueva esperanza. La celebramos. Como grupo de curas seguiremos caminando junto al pueblo y a los pobres. Y, con ellos, estaremos atentos para recordarle a nuestro presidente si algo de lo anunciado quedó en el mero discurso.

    ¡Feliz Navidad!

     

    Secretariado del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres,
    Navidad de 2019

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Categoría padre: ROOT Categoría: Cartas y Firmas

Mensaje para la Navidad de los curas en Opción por los Pobres

Si para las Fiestas, el “dios mercado” se acerca a nosotros invitándonos a “comprar y vender”, y se hace presente en un simpático anciano de carcajada fácil, en estos mismos días, los cristianos celebramos que Dios se acerca, comparte la vida del ser humano, particularmente con los pobres que no compran ni venden, camina la historia con su pueblo y ofrece un proyecto de vida y libertad.

Como los peregrinos de Emaús, queremos seguir caminando junto a nuestro pueblo, y reconociendo ese niño recién nacido, y reconociendo a los ‘pastores’ que se acercan con su trabajo, con sus sueños, con sus proyectos de ‘otro mundo posible’.

Mujeres anónimas, que como María, se siguen jugando por un lugar para su familia, por un lugar para sus hogares. Y entre ellos también Jesús, en la sencillez y pobreza del pesebre, nos revela el rostro del Dios en el que creemos y al que predicamos:

Expresamos -como Iglesia que somos- nuestra opción por el Dios-con-nosotros que resplandece en el pobre, la víctima, el marginado o desplazado.

Pedimos perdón también en nombre nuestro y en el de la iglesia que no pide perdón, por las veces en que hemos favorecido a los poderosos con nuestros silencios o complicidades. Precisamente, caminando humildemente con nuestro Dios, ese Dios con nosotros, queremos rescatar los acontecimientos positivos en materia económica, política y social que se han dado en este año como son los avances en el esclarecimiento y condena a los culpables de los crímenes de la dictadura, en especial de las torturas, desapariciones y apropiaciones ilegítimas de niños; el descenso del índice de desempleo, el aumento de los salarios y de las asignaciones a jubilados; la recuperación de reservas monetarias, una situación fiscal más equilibrada y una tasa de crecimiento sostenida que favorece el desarrollo de la industria y la creación de empleo.

Pero también queremos manifestar con honda preocupación que estos hechos positivos no llegan a solucionar problemas crónicos y de fondo de nuestra sociedad:

o Los episodios de violencia –sindical, deportiva, barrial- que muchas veces obedecen al círculo vicioso “policía-política-dirigencia deportiva-dirigencia sindical-justicia-matones-delito”, parecen no tener fin y no parece haber decisión política de resolverlo.

o La inseguridad, que no es solamente la que proviene de la posibilidad de ser violentados por delincuentes, sino también la que proviene del hambre, la miseria, la desocupación, la falta de atención médica, los salarios de hambre, las condiciones insalubres de vida, la desnutrición...

o La increíble desigualdad distributiva que esteriliza lo que se ha logrado en materia macroeconómica si los beneficios son saboreados sólo por una porción ínfima de la población. Pensamos que el superávit fiscal es una imposición más de los organismos de crédito internacional. El dinero que le sobra al Estado es el que le falta a la gente: en el poder adquisitivo de los salarios, en el sistema de salud, en la necesidad de viviendas para todos, en el sistema previsional. No sirve acumular el dinero del trabajo de todos para pagar deuda (ilegítima en buena parte) sin atender a las necesidades del pueblo. Sabemos que la mayoría de los países que hoy llamamos desarrollados, se recuperaron de sus crisis y crecieron creando empleo, aumentando el poder adquisitivo de los salarios y mejorando la calidad de vida a través del gasto público, entre otras medidas.

o El manejo abusivo del poder político, con proyectos legislativos cajoneados, sentencias jurídicas indefinidamente postergadas, concentración impúdica abusiva del poder y cooptación de luchas populares con apariencia de detentar el monopolio de lo que beneficia al pueblo y a los pobres.

o La desaparición de Julio Jorge López y de otros tantos desaparecidos - en pleno período democrático- nos inquieta en cuanto refleja que no está desactivado el aparato represivo de la dictadura y que la investigación emprendida en tales casos no ha dado resultado alguno.

Invitamos con cariño fraterno a nuestras comunidades cristianas y nuestro pueblo en general, a renovar las esperanzas de que otro mundo es posible: construido sobre la verdad, la justicia, y el respeto a la dignidad humana.

La Navidad es la fiesta del compromiso de Dios con el ser humano y nos invita a comprometernos con un mundo más justo. Buscando las maneras de construirlo. ¡Y poniéndonos manos a la obra!

 

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