America, Argentina
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    Comunicado del Grupo de Curas en la Opción por los pobres ¡PAREN LA MANO!

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    "EI Señor Dios llamo al hombre y le dijo: "¿Dónde estás?" (Gen 3,9)

    Cuando Israel trata de describir la crisis que vive su comunidad, narra en un relato primordial, simbólico y mítico como la armonía creada por Dios es destruida por el hombre, quien da la espalda al proyecto de Yave y culpa a su semejante sin hacerse cargo del mal ocasionado. "Pasaron cosas", "el mercado", "tormentas", "pesada herencia", suenan en nuestra patria como sinónimos de aquel pecado no asumido responsablemente,

    Hemos vivido una nueva jornada histórica en las elecciones PASO. Con alegría y esperanza, y en medio de la crisis (algunos hablan de "catástrofe") social y económica, el pueblo se expresó a lo largo y ancho del país. Nos unimos a esta alegría popular.

    Pero los movimientos en la "city financiera" de este lunes nos llenaron de preocupación. Mas aun, las declaraciones del Sr. presidente de la Nación nos dejaron consternados. Lejos de toda autocritica volvió a invocar causas ajenas a sus políticas como las responsables de este colapso. Desde echar culpas al "kirchnerismo" hasta responsabilizar al pueblo que "no supo elegir porque elige el pasado", las palabras de del presidente Macri fueron lamentables. No solo sigue culpando de su propia impericia a la "pesada herencia", sino también a quienes no solo no eligen el pasado, sino que optan por quienes ellos entienden que pueden ofrecerle un futuro venturoso: sin hambre, con trabajo digno, con educación y salud para todos, con respeto por el otro, en una patria de la que nadie sea excluido. Y, con seguridad, el actual gobierno no pudo ni quiso ofrecérselo.

    La corrida cambiaria, con la que "el mercado" reaccionó frente a los resultados eleccionarios de ayer, es altamente alarmante. Se intenta doblegar la voluntad popular por caminos de inescrupulosa ganancia y negocios oscuros, que generan el desconcierto en la población. Proponen una nueva devaluación que volverá a pagar el conjunto del pueblo con el crecimiento de los índices de pobreza e indigencia, poniendo en riesgo la paz social. Y el presidente parece más preocupado por culpar ahora a sus sucesores de las consecuencias de la especulación financiera, dando la espalda al sufrimiento y la voluntad del pueblo, expresados en los comicios.

    Es por esto que hacemos un llamado a la reflexión en esta hora tan crucial para los destinos de nuestra Patria. Exigimos a nuestros dirigentes, especialmente a los integrantes del gobierno, y de modo particular al titular del poder ejecutivo hasta el próximo 10 de diciembre, que piensen y obren en favor del pueblo, y especialmente de los pobres. Repetir la palabra "escuchar" no es, sin más, estar escuchando. No sean sordos al clamor de los que sufren.

    El gobierno tiene una responsabilidad institucional indelegable frente a esta situación de crisis.

    Secretariado del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres

    13 de agosto de 2019

    (27)

    ANTE LAS PRÓXIMAS ELECCIONES PRIMARIAS ABIERTAS, SIMULTÁNEAS Y OBLIGATORIAS (PASO)

    DEL 11 DE AGOSTO DE 2019

     
     

    “Se te ha indicado, hombre, qué es lo bueno y qué exige de ti el Señor: nada más que practicar la justicia, amar la fidelidad y caminar humildemente con tu Dios”. (Miqueas 6,8)

    Como Grupo de Curas en la Opción por los Pobres creemos que el sufragio electoral es un hecho importantísimo en el camino de la construcción democrática. Es por esto que nos animamos a puntualizar algunos aspectos que nos parecen ineludibles a la hora de pensar nuestro voto en el cuarto oscuro en las próximas PASO:

    1. Un proyecto de país: asistir a una convocatoria eleccionaria no es un simple elegir rostros o slogans de campaña. Es necesario respaldar candidatos que garanticen un proyecto de país donde todos y todas estén incluidos e incluidas. Un país para todos poniendo especial atención en los sectores más pobres y postergados. Un proyecto que no sea una simple expectativa de futuro, sino que garantice en el hoy la vida digna de los más vulnerados y vulnerables. No es posible seguir pidiendo esfuerzos al pueblo mientras una minoría se enriquece de manera inescrupulosa: mientras hay hermanos que mueren de frío en nuestras calles, los bancos declaran ganancias escandalosas en el primer semestre de 2019. La soberanía política, la independencia económica y la justicia social, son banderas vigentes también hoy.

    2. “Lawfare” o “guerra jurídica”. Nos hacemos eco de una preocupación del Papa Francisco, expresada en una reunión con los jueces panamericanos el pasado 4 de Junio en Roma: una nueva forma de intervención exógena en los escenarios políticos de los países a través del uso indebido de procedimientos legales y tipificaciones judiciales; la cual además de poner en serio riesgo la democracia de los países, generalmente es utilizado para minar los procesos políticos emergentes y propender a la violación sistemática de los derechos sociales. Creemos que nuestro país debe volver urgente al respeto de la Constitución y a la independencia y democratización del poder Judicial. Nos parece peligrosa la erosión que se está haciendo sobre la credibilidad tanto del poder judicial como de la política como instrumento de transformación. Esto afecta directamente la posibilidad de una vida democrática.

    3. Presos políticos: como un desprendimiento del párrafo anterior nos sigue preocupando la injusta prisión de Milagro Sala y de otros militantes políticos y sociales. En un proceso democrático es un escándalo la existencia de detenidos por causas políticas o por expresar su protesta. Junto a este clamor, es urgente la reforma del sistema penitenciario y carcelario donde se hacinan presos y presas, en general jóvenes y pobres, sin el acompañamiento legal necesario.

    4. El cuidado del trabajo y el sistema jubilatorio: la coalición gobernante desde 2015 ha militado sin descanso por la precarización del sistema jubilatorio y la búsqueda de la flexibilización laboral. No podemos asistir de manera silenciosa al deterioro de los haberes de nuestros jubilados y jubiladas con eufemismos como “reparación histórica”: el vaciamiento del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES ha dejado en extrema vulnerabilidad a quienes, de por sí, son ya de los más vulnerables (y vulnerados) de nuestra sociedad, disminuyendo sus expectativas de vida. Tampoco podemos permitir la pérdida de derechos laborales y niveles salariales que, como sociedad, hemos sabido conquistar a través de tantas luchas legítimas en favor del pueblo trabajador. Nos preocupa, en este sentido, la campaña de difamación de los sectores sindicales (incluida la operación televisiva de novelas que identifican corrupción con actividad sindical).

    5. La tentación de la militarización: el anuncio de un “Servicio Cívico Voluntario” administrado por la Gendarmería Nacional nos espanta (todavía la muerte de Santiago Maldonado pide ser esclarecida). Lo vivimos como una nueva provocación de la ministra de seguridad y no deja ser una nueva propuesta en la línea de preferir “mano dura”, “cárcel”, “gatillo fácil”, “cuarteles” y “armas” a una patria que precisa de más espacios educativos y deportivos para nuestros jóvenes, de expectativas laborales reales, en lugar de salidas laborales “rápidas” que lo único que promueven es la represión de los pobres por los mismos pobres. Una vez más diferimos del pensamiento del obispo castrense.

    6. El clamor de la tierra: no es original de nuestra parte advertir la necesidad de escuchar “el clamor de la tierra”. Los negocios de las grandes empresas que explotan sin límite los recursos naturales con la anuencia de nuestros gobiernos ponen en riesgo nuestra “casa común”. Es hora de detener este saqueo antes de que sea demasiado tarde.

    7. “Tierra, techo y trabajo”: este lema del encuentro del Papa con las organizaciones sociales marca, de alguna manera, un horizonte programático para los próximos años en la Patria. El acceso a la tierra para todas y todos, el techo digno para todas nuestras familias y el trabajo que asegure la vida digna de nuestro pueblo: deben ser estos los lineamientos del próximo gobierno. En el próximo proceso elecccionario es la vida del pueblo, y especialmente la de los pobres, la que está en juego.

    Secretariado del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres 
    22 de julio de 2019

    (36)

     

Texto 3 – Materiales sobre Iglesia

 En el año 2002 se ha publicado el diario escrito por el teólogo, luego cardenal, Yves Marie Congar. La importancia de su autor, el eclesiólogo más influyente en la época del Vaticano II, le otorga a dicho texto biográfico un significado peculiar. En una de las múltiples expresiones llamativas, el cardenal Congar afirma: “estamos asistiendo al enfrentamiento de dos eclesiologías”. Es verdad que esta frase puede parecer exagerada cuando se la lee cincuenta años después de su formulación, en el fragor de las discusiones conciliares. Pero este lenguaje revela lo que, para los ojos de algunos testigos y protagonistas autorizados, estaba aconteciendo en el Concilio Vaticano II. El párrafo al cual pertenece dicha frase se expresa así:

 

“Las secuelas del pontificado de Pío XII están siendo cuestionadas. Y más allá de ellas, el régimen que ha prevalecido a partir de la reforma gregoriana, sobre la base de la identificación entre Iglesia romana e Iglesia católica universal: las iglesias están vivas, están ahí, representadas y reunidas en el Concilio: reclaman una eclesiología de la Iglesia y de las iglesias, y no sólo de la monarquía papal con el sistema jurídico que se ha dado para que la sirvan”.

 

La breve caracterización es elocuente: se trata de un régimen con una larga historia (“a partir de la reforma gregoriana”, siglo XI), cuya base es la “identificación entre Iglesia romana e Iglesia católica universal” y que se ha concretado en una eclesiología, no “de la Iglesia y de las iglesias”, sino de la “monarquía papal” con su “sistema jurídico” correspondiente.

 

J. Ratzinger escribía lo siguiente recién finalizado el Concilio: "La extinción del sentimiento de la importancia de la Iglesia local es sin duda, una característica sobresaliente de la teología de la Iglesia latina del segundo milenio."[1] Esta problemática, dicha «extinción», la encuentro muy precisamente descrita y caracterizada en un texto de Ratzinger de 1964, publicado años después: el occidente es una iglesia local, se invierte el rol y la importancia del patriarcado y el cardenalato, un cambio de época.

 

…la comunidad ciudadana de Roma incorpora a todo el orbis latino en el escaso espacio de su urbis. Todo el occidente es, por decirlo así, sólo una iglesia local y única y comienza a perder más y más la antigua estructura de la unidad en la variedad, hasta que acaba por desaparecer por completo. El ejemplo más elocuente de este proceso es el cambio en la manera de entender el oficio patriarcal y la inversión de las relaciones entre patriarca y cardenal, en que se concreta. El cardenalato es una institución local romana… El patriarcado es una institución de la Iglesia universal que designa a los obispos de las iglesias principales, llamados originariamente «primados»… Ahora aparece a ojos vistas el cardenalato como un oficio de la Iglesia universal (precisamente porque la Iglesia universal está identificada con la iglesia urbana de Roma); el patriarcado se convierte en título de honor que otorga Roma; y finalmente, desde el siglo XIII, el cardenal está por encima del patriarca, de suerte que éste sube de honor cuando lo hacen cardenal: la dignidad eclesiástica urbana está por encima del antiguo servicio de la Iglesia universal, fenómeno que aclara sin duda el cambio de época.[2]

 

Uno puede preguntarse, qué conclusiones y qué tareas para la Iglesia actual se siguen de esta lúcida constatación.

 

La noción de autoridad, clave para la organización de la eclesiología

 

Si se mira el asunto con un poco de perspectiva histórica, se advierte que “la tutela del principio de autoridad había sido el punto clave de la eclesiología postridentina; la apologética católica había atribuido la causa de todos los males de la época moderna a la negación por el protestantismo del principio de autoridad; y, finalmente, esta posición había sido recibida por el magisterio romano (Pío IX, Quanta cura) y codificada en el proemio de la constitución Dei Filius del Vaticano I.” (Ruggieri).

 

Caracterización del modelo:

 

prioridad de la iglesia universal

sobre las iglesias locales,

 

prioridad de los ministros

por sobre la comunidad,

 

prioridad de la estructura monárquica del ministerio por sobre la estructura colegial,

 

prioridad del ministerio sobre los carismas,

 

prioridad de la unidad sobre la diversidad.

 

Estas ideas han demorado centurias en consoli­darse. Constituyen un humus cultural profunda­mente arraigado en las personas, los procedi­mientos, las lógicas y prácticas institucionales.

 

El proceso de transición hacia un “nuevo mo­delo” requiere tiempo, supone retrocesos y no tiene garantizado su éxito. En esta perspectiva, el Concilio no puede ser sino una corrección de rumbo, una indicación.

 

Al respecto, en 1999, ha escrito Walter Kasper: "La verdadera controversia durante el Concilio se refería a la determinación de la relación entre el episcopado y el ministerio petrino. En esta cuestión el Vaticano II quiso completar el Vaticano I. A causa de que durante el Concilio no se arribó a una solución de la controversia, en el texto final están dos afirmaciones diversas, una al lado de la otra. Recién mediante la Nota explicativa praevia pudo el papa Pablo VI lograr la aceptación de gran parte de la minoría conciliar y alcanzar así un amplio consenso. Las controversias de entonces están sin resolverse verdaderamente hasta hoy y continúan teniendo repercusiones."[3]

 

Encuentro muy acertadas unas observaciones de H. Pottmeyer: un concilio de transición (de una eclesiología universalista, juridicista, jerarcológica, centralista a una eclesiología de la communio). En atención a la minoría del Concilio, en los textos conviven dos eclesiologías. “Se dio un gran paso, pero el objetivo que tenía ante sus ojos la mayoría de los padres conciliares, no fue alcanzado. Esta es la causa decisiva que explica por qué la reforma estructural está a medio camino y por qué las instituciones posconciliares transmiten una impresión contradictoria. Pero fidelidad al Concilio, a todo el Concilio, exigida hoy por los críticos del desarrollo posconciliar, significa: no persistir en el dilema de dos eclesiologías, sino, de manera consecuente, realizar la transición que la mayoría del Concilio aspiraba”.[4] Si se atiende a la evolución del segundo milenio, el Concilio puede representar, nada más pero nada menos, “el comienzo de un correctivo”.[5]

una observación de C. Duquoc: a pesar de la inversión del interés de la eclesiología del Vaticano II (en relación con la preconciliar), sólo el movimiento centralizador sigue siendo operativo, pues sólo el poder jerárquico supremo ha sido definido jurídicamente en su ámbito; la deseada participación del conjunto de los creyentes en la vida y en la orientación de la Iglesia no se traduce en un ejercicio concreto, su evocación de manera difuminada carece de la formulación de unas verdaderas reglas de juego.[6]

 

Existe también en este último punto una demanda ecuménica: “el principio del primado de jurisdicción no es aceptable para la comprensión luterana si su organización no prescribe la inclusión, vinculante jurídicamente, en la estructura de communio de la Iglesia.”[7]

 

[1] J. Ratzinger, El nuevo Pueblo de Dios, 206.

[2] Ibid., 153-154 (cursiva mía).

[3] “Zur Theologie und Praxis des bischöflichen Amtes”, 41.

[4] H. Pottmeyer, “Kirche – Selbstverständnis und Strukturen. Theologische und gesellschaftliche Herausforderung zur Glaubwürdigkeit”, en id. (ed.), Kirche im Kontext der modernen Gesellschaft. Zur Strukturfragen der römisch-katholischen Kirche, Regensburg 1989, 99-123, 121 (cursiva mía).

[5] K. Lehmann, “El peso de la prueba para las «proposiciones infalibles»”, en K. Rahner, La infalibilidad en la Iglesia, 308-338, 312.

[6] Cf. C. Duquoc, «Creo en la Iglesia», 65. Además de las fórmulas canónicas ya aludidas por J. Huels y R. Gaillardetz sobre la elección de los obispos, cf. las propuestas de cambio en las normas, de modo que éstas reflejen mejor en las estructuras jurídicas de la Iglesia las enseñanzas del Vaticano II sobre el rol de los laicos: J. Coriden, “Lay Persons and the Power of Governance”, The Jurist 59 (1999) 335-347, 345ss.

[7] Bilaterale Arbeitsgruppe der Deutschen Bischofskonferenz und der Kirchenleitung der Vereignigten Evangelisch-Lutherischen Kirche Deutschlands, Communio sanctorum. Die Kirche als Gemeinschaft der Heiligen, Paderborn 2000, nº 198.

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