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Análisis del Discurso Inaugural de Benedicto XVI

CONFERÊNCIA DE APARECIDA O DISCURSO INAUGURAL DO PAPA BENTO XVI SÍNTESE E DESTAQUES, Agenor Brighenti

Discurso de Bento XVI Abertura da V Conferência, J. B. Libanio, Anotações provisórias

O fundamental e o secundário no discurso do papa Bento XVI, Jung Mo Sung

BENEDICTO XVI Y LA OPCIÓN POR EL POBRE, Gustavo Gutiérrez

Una teología debe partir y llegar al Reino de Dios, Eduardo de la Serna

A Mensagem de Aparecida: Sonho e cálculo Eduardo Hoonaert (historiador)


Trabajos

Discípulos y discípulas de Jesús. Aportes el Nuevo Testamento

Presbiteros

Una Iglesia para América Latina y El Caribe Seminario latino-americano de Teología Pablo Richard


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Unida tematica 1


Propuestas para el actuar

unidad tematica 2


propuesta de hilo conductor del documento final

Un Hilo Conductor (2)


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MENSAJE DE LA V CONFERENCIA GENERAL A LOS PUEBLOS DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE


ANÁLISIS DEL DISCURSO INAUGURAL: ASPECTOS CRISTOLÓGICO Y ECLESIOLÓGICO

ANÁLISIS DEL DISCURSO INAUGURAL DE BENEDICTO XVI

Aparecida, 13 de mayo de 2007

 

El discurso trae una breve introducción y una conclusión. El cuerpo del mismo se divide en seis partes desiguales:

1. La fe cristiana en América Latina;

2. Continuidad con las otras Conferencias

3. Discípulos y misioneros

4. “Para que en Él tengan vida”;

5. Otros campos prioritarios: familia, sacerdotes, religiosos, religiosas y consagrados, laicos, jóvenes y pastoral vocacional;

6. “Quédate con nosotros”

 

La primera parte es histórica y se refiere a las tradiciones culturales y religiosas de los pueblos originarios de América. La segunda retoma los problemas actuales en relación con las Conferencias anteriores. Los puntos tres y cuatro son, en realidad, el cuerpo del discurso y desarrollan el lema de la V Conferencia. El quinto punto trata de aspectos particulares de la misión y el sexto termina con una oración haciendo referencia al texto de Emaús.

 

 

1.     DISCÍPULOS Y MISIONEROS - PRESUPUESTOS

 

 

La tan comentada y, por ciertos sectores, tan esperada “misión continental” o mejor “intercontinental”, no fue nunca mencionada. Ella está, no obstante, como telón de fondo, presente en el conjunto del texto. En ese telón de fondo, caben todos los problemas. El discurso, por eso, es poco contextualizado. Valdría con pequeñas variantes para otros continentes.

 

  1. Premisas

 

El hilo conductor, la teología fundamental del texto,  atraviesa todas sus partes. En nuestra opinión, se trata de una invitación a volver a la Cristiandad, en las condiciones del siglo XXI, con fuertes críticas a la modernidad. Destacamos los siguientes puntos:

 

a) El cuestionamiento del “ver” de la realidad. “¿Qué es esta realidad? ¿Qué es lo real? La modernidad falsificó el concepto de realidad, con la amputación de la realidad fundante, que es Dios.

b) A este Dios, sólo los cristianos lo conocen a través de Jesucristo.

c) Los que no creen pueden vivir una moralidad elevada, sin embargo, en una confusión antagónica. Ellos no tienen un Dios que sintetice y armonice la propuesta de salvación.

d) Entre los cristianos, sólo los católicos conocen bien a este Dios, a través de su Iglesia.

e) La identidad de los pueblos, también la de los pueblos indígenas, sólo se completa a través de ese conocimiento de Jesucristo. Por eso, los pasos que conducirían providencialmente la historia para traer este conocimiento a las Américas, no fueron alienantes. Alienante sería no conocer a Dios a través del logos encarnado. El representa la verdadera universalidad. Las culturas sólo se encuentran a sí mismas y entre ellas en ese horizonte universal.

f) El logos, Jesucristo, se encarnó en una historia, y en una cultura que, providencialmente, hace parte de la fe. Ella es cultura normativa. Es imposible separar la fe de ese kairós de la encarnación histórica y cultural, en el mundo judaico, y  luego en el mundo greco-romano.

g) La inculturación en las demás culturas busca solamente la comunicación, o mejor, la traducción. Por eso, su discurso a los obispos brasileros, el Papa habla de un “lenguaje inculturado” (n.4)

h) Ese telón de fondo no toma en cuenta las mediaciones de las ciencias humanas: antropológicas, históricas, sociológicas, económicas, políticas, etc.

 

  1. Evangelización y misión  a partir de esas premisas

 

a) La aceptación de esas premisas representa para el Papa un “salto cualitativo”, un “nuevo impulso de la Evangelización”, “una nueva etapa (n.2) o “la revitalización de fe en Cristo”. Se trata de la prioridad de la fe en Jesucristo.

b) Lo nuevo es continuidad de lo viejo (de la Cristiandad) que fue interrumpido (implícitamente, ¿por la teología de la liberación?).

c) La religiosidad popular de las fiestas de los santos y de La Virgen María, conecta con esas premisas, porque es “exclusiva” de la Iglesia católica. Sin embargo, debe ser siempre purificada.

d) Pero en el discurso hay puntos positivos:

- Análisis de la globalización (en parte)

- La opción por los pobres

- La centralidad de la Palabra de Dios

- La Eucaristía como símbolo de gratuidad y de compartir el pan

- La catequesis

- La presencia en los MCS.

Por otra parte, toda la promoción humana presupone el anuncio previo de aquellas premisas. Por eso, estos aspectos positivos no deben ser vistos aisladamente. Sólo mediante la aceptación de dichas premisas, todo toma sentido.

e) Los protagonistas de esta Evangelización, con esas premisas son:

- Los laicos/as organizados en los movimientos eclesiales (no de base)

- Los obispos, presbíteros y religiosos/as

- La juventud bien dirigida.

“Misión” significa llevar esas premisas y sus consecuencias hasta los confines del mundo.

 

 

  1. LA VISIÓN HISTÓRICA DE LA FE CRISTIANA EN AL Y EL CARIBE

 

 

Una de las afirmaciones centrales del discurso, es que el anuncio del Evangelio “no supuso, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas, ni fue una imposición de una cultura extraña”.

 

Pero si miramos la historia del continente, se puede constatar que la primera acción misionera sucedió en el contexto de la colonización y del patronato regio, en el que la catequesis nunca se dio fuera del ámbito de la conquista con violencia militar, generando la pérdida de la libertad política de los pueblos nativos y la imposición del régimen colonial, seguido de la expropiación de las tierras y riquezas, de la explotación económica y de los procesos de esclavitud de la población nativa o de la importación de la mano de obra esclava africana. La conquista se consolidó con la imposición de la lengua, cultura, costumbres y religión de los conquistadores. 

 

En ningún momento el discurso parte de la realidad del continente americano, un continente pluriétnico, pluricultural y plurirreligioso, en el pasado y cada vez más en el presente. ¿Cómo tratar con esa diversidad y con ese pluralismo cultural y religioso?         

 

El reconocimiento del actual pluralismo cultural y religioso, es la base necesaria para colocar el problema de una nueva evangelización, del diálogo ecuménico e interreligioso y del diálogo con los no creyentes.

 

Históricamente, en este continente se fueron sucediendo o interrelacionando muy fuertemente distintas realidades étnicas, culturales y religiosas, las que debemos por lo menos reconocer:

 

a) Una INDOAMERICA, en  la que había más de 2200 diferentes pueblos indígenas, con sus culturas y religiones, muchas de las cuales permanecen vivas hasta hoy. Muchos de esos pueblos y culturas vienen recuperando, de modo particular con la conmemoración de los 500 años de conquista, su memoria, idiomas, costumbres e importantes aspectos de su sabiduría secular. Ese renacimiento, tan positivo para la vida y dignidad de esos pueblos, contrasta con el juicio negativo del discurso, en el que se confunden diversos planos: “La utopía de volver a dar vida a las religiones precolombinas, separándolas de Cristo y de la Iglesia universal, no seria un progreso, sino un retroceso. En realidad seria una involución hacia un momento histórico anclado en el pasado” (parte I). Como si la recuperación de esa memoria significara, de hecho y necesariamente, para nuestros pueblos indígenas, el abandono de su fe en Jesucristo.

 

En relación a determinadas áreas de América, Darcy Ribeiro habla de PUEBLOS TESTIGOS, de modo particular en el sur de México y Guatemala (mundo azteca, maya, zapoteco, mixe etc.); en el Ecuador, Perú y Bolivia (mundo andino, quechua, aymara, guaraní). Estos pueblos testigos continúan sufriendo la opresión cultural y religiosa, sin suficiente esfuerzo de diálogo que permita la INCULTURACIÓN del Evangelio de forma  respetuosa y dialogante. Esa inculturación del evangelio viene aconteciendo en Chiapas con Mons. Samuel Ruíz, en Tarahumana con Mons. José Llaguno, en Riobamba con Mons. Leónidas Proaño; entre los Tapirapé, con las hermanitas de Foucauld y don Pedro Casaldáliga, en la Prelacia de são Felix do Araguaia, por citar sólo algunos protagonistas de este esfuerzo.

 

La INCULTURACION, concepto tan central en Santo Domingo y una de sus opciones más importantes (Cf SD 302) está ausente del discurso del Papa. Éste no integra el proyecto recién presentado, y no se encuentra en continuidad con Santo Domingo, donde la nueva evangelización está apoyada en una LIBERACION inculturada (al asumir la opción por los pobres de Medellín y Puebla) o en una INCULTURACION liberadora, en que esos pueblos sean protagonistas de su propio destino y sujetos de sus culturas, sin necesidad de hacerse occidentales para poder ser cristianos.

 

b) Una AFROAMÉRICA. Como en el discurso del Papa no hay una mirada real al pasado del continente, permanece totalmente oculta otra realidad humana, económica, cultural, política y religiosa absolutamente central: la de los pueblos africanos traídos aquí en el tráfico negrero y sometidos al régimen esclavista. La esclavitud, como régimen de trabajo, fue el eje estructurador de la economía y de la sociedad en muchas áreas de América y dejo su marca étnica y social en todo el Caribe, en la costa Caribe de América Central, entre los “garifonas” de Nicaragua, entre los trabajadores de las plantaciones de banano y en el puerto de Limón, en Costa Rica y en toda la zona del canal de Panamá; en la costa atlántica de Venezuela y Colombia y en la costa pacífica del Chocó colombiano o en Esmeraldas, en el Ecuador, en el nordeste azucarero del Brasil, en las zonas mineras de Minas, Goiás y Mato Grosso y en las plantaciones de tabaco, algodón y café; en los puertos y en el trabajo doméstico. Por el Puerto de Bahía entraron más de 1,2 millones de esclavos y, en todo el continente, casi 12 millones.

 

Hay una Afroamérica enteramente ignorada en la primera parte del discurso y sólo invocada, con una palabra, en el último párrafo del discurso cuando trata de las personas más vulnerables, pobres y humildes: “Quédate, Señor, con aquellos que en nuestras sociedades son más vulnerables: quédate con los pobres y humildes, con los indígenas y afroamericanos, que no siempre han encontrado espacios de apoyo para expresar la riqueza de su cultura y la sabiduría de su identidad” (p. 7).

En ningún momento se retoma la petición de perdón de Santo Domingo, pues sería reconocer que hubo graves problemas y errores en la primera evangelización, los que se perpetúan hasta hoy y que tendrían que ser revisados y abandonados en el nuevo impulso evangelizador.

 

c) PUEBLOS TRANSPLANTADOS. Hay una tercera América, fruto de la inmigración en la cual entraron, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, cerca de 15 millones de inmigrantes europeos, pero también de Oriente Medio y del Extremo Oriente, produciendo por lo menos cuatro fenómenos  recurrentes:

-          Una diversificación del catolicismo. Al catolicismo ibérico, se sumó un  catolicismo de corte germánico, italiano, polaco, pero también de corte oriental: melquitas, maronitas, ucranianos.

-          Una diversificación más acentuada en el mundo cristiano, con la entrada de reformados suizos y holandeses, de luteranos alemanes, de ortodoxos griegos, rumanos, rusos y ucranianos.

-          Una diversificación religiosa: sintoístas y budistas japoneses, confucionistas y adeptos de las religiones tradicionales chinas, y hoy coreanos, musulmanes turcos y árabes. En el Caribe inglés, hindúes y musulmanes de la India substituyeron a los esclavos africanos en las plantaciones de azúcar, e indonesios musulmanes entraron en Surinam y en las demás Antillas holandesas.

-          Una crítica religiosa en las capas intelectuales, pero también en los sectores obreros con la entrada de anarquistas españoles e italianos y el surgimiento de los primeros partidos socialistas y comunistas.

-           

 

Por consiguiente, en coherencia con el Concilio Vaticano II:

-          Frente a estas otras ALTERIDADES CRISTIANAS, se impone el DIALOGO ECUMENICO.

-          Frente a las otras ALTERIDADES RELIGIOSAS de judíos, budistas, musulmanes, se impone el ejercicio  del DIALOGO INTERRELIGIOSO.

-          Frente al crecimiento de la INCREENCIA, se impone un respetuoso DIALOGO CON LOS NO CREYENTES.

-          Frente al fenómeno del TRANSITO RELIGIOSO, que fue visto sólo bajo el ángulo del “proselitimo agresivo de las sectas” se impone una seria reflexión sobre sus causas y la mejor manera de comprenderlo. En general, esos nuevos movimientos religiosos, particularmente los movimientos y las iglesias pentecostales, prosperan en la periferia de las grandes ciudades y en las áreas de migraciones, donde la iglesia católica se encuentra prácticamente ausente.

 

Históricamente atraviesa todo el discurso una visión de que la única colonización fue la católica, derivando de ahí un radical substrato católico que sería la marca registrada del continente. Esa visión, con matices, se puede aplicar a las áreas de colonización hispánica y portuguesa, pero resulta equivocada cuando nos volvemos AL CARIBE.

 

Los protestantes se establecieron en el Caribe desde el siglo XVI, generando sociedades marcadas por otras iglesias cristianas: anglicanos en el Caribe inglés; Hugonotes franceses en Haití, Guadalupe, Martinica, con libertad para sí mismos pero sin poder bautizar en su fe a los esclavos; reformados holandeses en las Antillas y en la Guayana holandesas; luteranos daneses en las Islas vírgenes. Esa colonización protestante sufre los mismos problemas de método que la católica: se apoyó en la dominación político-militar, y en la expropiación de las tierras indígenas; en la esclavización de los nativos y muy pronto en el tráfico negrero y en el régimen de trabajo esclavista, seguidos de la imposición de cultura, lengua y religión. Los protestantes son tan antiguos como los católicos en el trabajo misionero y dependiendo de la perspectiva tan legítimos o ilegítimos como los católicos en cuanto al proceso colonial esclavista y de imposición cultural y religiosa.

 

La Conferencia de SANTO DOMINGO, a partir de una lectura distinta de la realidad histórica, estableció líneas pastorales distintas. Releamos ahora estos dos párrafos:

 

“Después de haber pedido perdón con el Papa a nuestros hermanos indígenas y afroamericanos ‘ante la infinita santidad de Dios por todo lo que […] ha estado marcado por el pecado, la injusticia y la violencia’ (Audiencia General, miércoles 21 de octubre de 1992, 3), queremos desarrollar

1. Para nuestros hermanos indígenas:

. Ofrecer el evangelio de Jesús con el testimonio de una actitud humilde, comprensiva y profética, valorando su palabra a través de un diálogo respetuoso, franco y fraterno y esforzarnos por conocer sus propias lenguas;

. Crecer en el conocimiento crítico de sus culturas para apreciarlas a la luz del Evangelio.

. Promover una inculturación de la liturgia, acogiendo con aprecio sus símbolos, ritos y expresiones religiosas compatibles con el claro sentido de la fe, manteniendo el valor de los símbolos universales y en armonía con la disciplina general de la Iglesia.

. Acompañar su reflexión teológica, respetando sus formulaciones culturales que les ayuden a dar razón de su fe y esperanza

. Crecer en el conocimiento de su cosmovisión, que hace de la globalidad Dios, hombre y mundo, una unidad que impregna todas las relaciones humanas, espirituales y transcendentes. 

. Promover en los pueblos indígenas sus valores culturales autóctonos mediante una inculturación de la iglesia para lograr una mayor realización del Reino” (SD 248).

2. “Para con nuestros hermanos afroamericanos,

Conscientes del problema de marginación y racismo que pesa sobre la población negra, la Iglesia, en su misión evangelizadora, quiere participar de sus sufrimientos y acompañarlos en sus legítimas aspiraciones en búsqueda de una vida más justa y digna par todos.

. Por lo mismo, la Iglesia en América Latina y el Caribe quiere apoyar a los pueblos quiere apoyar a los pueblos afroamericanos en la defensa de su identidad y en el reconocimiento de sus propios valores, como también ayudarlos a mantener vivos sus usos y costumbres compatibles con la doctrina cristiana (cf. Mensaje a los afroamericanos, 3).

. Del mismo modo nos comprometemos a dedicar especial atención a la causa de las comunidades afroamericanas en el campo pastoral, favoreciendo la manifestación de las expresiones religiosas propias de sus culturas” (SD 249).

 

Concluyendo, parece que en el Discurso Inaugural de Aparecida NO SE RECONOCEN OTRAS ALTERIDADES E IDENTIDADES MAS ALLÁ DE LA CATÓLICA, Y POR ESO HAY DESCALIFICACIÓN DEL OTRO Y DESLEGITIMACION DE OTRAS PROPUESTAS RELIGIOSAS, LAS QUE SON TRATADAS DESPECTIVAMENTE COMO SECTAS O COMO RETROCESO.

 

 

  1. ASPECTOS CRISTOLÓGICO Y ECLESIOLÓGICO

 

En el primer párrafo del Discurso, que evoca la historia de la fe cristiana en América Latina aparece, en cierta manera, como la deducción de lo que tiene que haber sido esa historia a partir de una cristología centrada en la exclusividad de la acción salvífica de Cristo. Se reconoce las “semillas del Verbo” en las tradiciones religiosas de los pueblos indígenas, pero para afirmar “a priori” que “el anuncio de Jesús y de su evangelio no supuso, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas ni fue una imposición de una cultura extraña”. Más adelante se afirma que “el Verbo de Dios haciéndose carne en Jesucristo, se hizo también historia y cultura”, así en abstracto, sin ninguna referencia a una historia y a una cultura particulares. Y de hecho, en la tercera parte del Discurso, al hablar de discípulos y misioneros de Jesucristo, no se encuentra ninguna referencia concreta al Jesús histórico que estamos invitados a seguir, salvo aquello de que “Cristo se nos da a conocer en su persona, en su vida y en su doctrina por medio de la Palabra de Dios”, y en la afirmación indirecta de que “la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza”.

 

Se propone regresar a la cristología popular del “Cristo sufriente, del Dios de la compasión, del perdón y de la reconciliación”, pero no se hace ninguna alusión al Jesús anunciador del Reino, que a causa de su práctica con los pobres y en medio de ellos, acaba enfrentando la represión y el martirio. En otras palabras, se desconoce todo el camino de lectura popular de los evangelios que viene haciéndose en las comunidades eclesiales de base, por lo menos desde Medellín.

 

Se plantea como propio del Dios de nuestra fe cristiana el que sea un Dios-con-nosotros que ha tomado en Jesús un rostro humano, pero parece no interesar cuál es ese rostro que se traduce en su práctica concreta en las circunstancias de su propia y particular historia. Si esto es así, ¿cómo podremos encontrar el rostro humano de Dios en la historia concreta de las mayorías pobres de nuestro continente hoy?

 

Las comunidades eclesiales de base son ignoradas en el discurso de Benedicto XVI contrastando con la frecuente mención positiva de las mismas por parte de Paulo VI y Juan Pablo II (Ver nota sobre la eclesiología y las CEBs al final de este Análisis, con referencias a Medellín, Puebla, Santo Domingo y al Sínodo de América). Por el contrario, en el Discurso de Benedicto XVI, las referencias más concretas a la Iglesia católica y a sus distintos niveles, mencionan a los sacerdotes y los religiosos/as, y a los laicos/as de los de nuevos movimientos de sectores sociales no de base. El ministerio de los presbíteros aparece destacado con mucha fuerza, más como mediadores entre Dios y los laicos/as que como pastores-hermanos dentro del Pueblo de Dios. Y los pobres aparecen varias veces, pero más como objetos de la acción de la iglesia y de los sectores pudientes, que como sujetos de la sociedad y de la iglesia.

 

Con mayor razón son ignoradas las redes de pequeñas comunidades evangélicas que se han extendido en medio de nuestros sectores populares, o se las asimila a “sectas” que deben ser neutralizadas. No se reconoce su labor evangelizadora y sanadora, muchas veces en medio de los más pobres y excluidos, donde suele no haber presencia significativa de la iglesia católica.

 

Es de agradecer la vigorosa insistencia en la lectura bíblica y la celebración eucarística dominical.  La lectura de la Biblia es relativamente nueva en la iglesia católica del continente. Y la eucaristía dominical, que es un derecho de toda comunidad cristiana, sigue siendo vedada de hecho por mantener la actual disciplina del ministerio ordenado.

  

Al hablar del ministerio de Jesús que se prolonga en sus discípulos y misioneros, no se menciona el tema del Reino, con lo cual la visión eclesiológica y misionológica queda excesivamente eclesiocéntrica, en contraste con la visión del Concilio Vaticano II. Incluso la referencia a Gaudium et Spes 1, reemplaza las tristezas y las angustias “de los hombres de hoy” por las tristezas y las esperanzas “de sus hijos” (de la misma iglesia). Y la misma eclesiología vuelve a plantearse de arriba hacia abajo, no a partir del Pueblo de Dios como en Vaticano II, sino desde la jerarquía en una visión pre-conciliar.

 

 

  1. LOS PROBLEMAS SOCIALES Y POLITICOS

 

 

Positiva e iluminadora nos parece la sección del número cuatro, dedicada a los problemas sociales y políticos: “¿Cómo puede contribuir la iglesia a la solución de los urgentes problemas sociales y políticos y responder al gran desafío de la pobreza y de la miseria?” Aquí se destaca la importancia del cambiar las estructuras que crean la injusticia y, al mismo tiempo, se hace ver cómo ese cambio requiere cambios muy hondos en los valores compartidos y el consenso moral de la sociedad. Valores y consensos por los que la iglesia y los cristianos, a la luz del evangelio, deben trabajar incansablemente. En este aspecto se desearía que la crítica y el esfuerzo por cambiar esas estructuras, no siguiera orientado por el fantasma del marxismo, sino más decidida y lúcidamente frente a la arrolladora influencia actual del capitalismo neoliberal globalizado. Creemos que tampoco aquí la iglesia puede mantenerse “neutral”, sino que debe asumir más claramente como iglesia su irrenunciable misión profética, implicada en la misión de servir el reinado de Dios en continuidad con la misión histórica de Jesús.

 

 

  1. ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL TEMA DE LA MUJER

 

 

El tema de la mujer y su problemática actual, en realidad, no se aborda. Solamente se hace en referencia con la familia. Ni siquiera en la última parte en la que se enumeran rostros concretos “vulnerables”, se menciona a las mujeres.

 

En el tema de la familia se hacen dos alusiones. En la primera se denuncia el machismo que se vive en el seno del hogar. Este aspecto es positivo y actual. Sin embargo, esta problemática no se extiende a todas las otras instancias en las que la mujer padece una real exclusión en razón de su sexo por la visión patriarcal vigente. Concretamente, en la iglesia no se reconoce, en la práctica, esta igual dignidad y responsabilidad.

 

En la segunda alusión, se reconoce el derecho que tiene la mujer a contar con el apoyo del Estado para llevar a cabo su responsabilidad con los hijos. Esto también es positivo y necesario. Además exige a los papás la responsabilidad y colaboración en la crianza de los hijos. De todas maneras debería abordarse otros aspectos como el desarrollo profesional de la mujer sin oponerlo a la maternidad, y su participación plena en todas las instancias civiles y eclesiales.

 

 

NOTA SOBRE LA ECLESIOLOGIA Y LAS CEBs

 

El Discurso de apertura, ignora dentro de la realidad eclesial la más significativa de las aplicaciones que surgen del Vaticano II y de MEDELLÍN: el surgimiento de las Comunidades Eclesiales de Base. Estas fueron acogidas en Medellín como “el primero y fundamental núcleo eclesial, que debe, en su propio nivel, responsabilizarse de la riqueza y expansión de la fe, como también del culto que es su expresión. Ella es, pues, célula inicial de estructuración eclesial, y foco de la evangelización, y actualmente factor primordial de promoción humana y desarrollo” (MED 15, 10).

 

En PUEBLA, las CEBs son consideradas en la Parte III, cap. 1.2., entre los “centros de comunión” y participación, junto a la Iglesia Particular y la parroquia: “Se comprueba que las pequeñas comunidades, sobre todo las Comunidades Eclesiales de Base crean mayor interrelación de la Palabra de Dios, revisión de vida y reflexión sobre la realidad, a la luz del Evangelio; se acentúa el compromiso con la familia, con el trabajo, el barrio y la comunidad local. Señalamos con alegría, como importante hecho eclesial, particularmente nuestro y como “esperanza de la Iglesia” (EN 58), la multiplicación de pequeñas comunidades. Esta expresión eclesial se advierte más en la periferia de las grandes ciudades y en el campo. Son ambiente propicio para el surgimiento de los nuevos servicios laicales. En ellas se ha difundido mucho la catequesis familiar y la educación de la fe de los adultos, en formas más adecuadas al pueblo sencillo” (P. 629).

 

En SANTO DOMINGO, respecto a las CEBs, se mezclan palabras de aprecio con advertencias: “Cuando no existe una clara fundamentación eclesiológica y una búsqueda sincera de comunión, estas comunidades dejan de ser eclesiales y pueden ser víctimas de manipulación ideológica o política” (SD 62).

“Consideramos necesario:

-          Ratificar la validez de las comunidades eclesiales de base fomentando en ellas un espíritu misionero y solidario y buscando su integración con la parroquia, con la diócesis y con la Iglesia universal, en conformidad con las enseñanzas de la ‘Evangelii Nuntiandi’ (cf. EN 58).

-           Elaborar planes de acción pastoral que aseguren la preparación de los animadores laicos que asistan a estas comunidades en íntima comunión con el párroco y el obispo” (SD 63).

 

Por lo demás, en Santo Domingo, es claro el intento de absorber a las CEBs dentro de la estructura parroquial: “La comunidad eclesial de base es célula viva de la parroquia, entendida esta como comunión orgánica y misionera” (SD 61).

 

En el SÍNODO DE AMÉRICA, realizado en Roma, en 1997, hubo una directa prohibición dirigida por el entonces Secretario Cardenal Jan Schotte a la Comisión elegida para redactar la Exhortación Postsinodal. Los redactores deberían eliminar de las propuestas aprobadas por los obispos en el Sínodo, cualquier referencia a las CEBs y a la Teología de la Liberación. Las CEBs deberían ser substituidas por “pequeñas  comunidades cristianas”, en un claro propósito de eliminar el nombre y la memoria de esta realidad eclesial, ante la imposibilidad de suprimir su realidad viva sobretodo en sufrido pueblo periférico de las grandes ciudades y del campo.

 

En el Discurso de Aparecida hay un elogio a las “comunidades eclesiales” en que “es notable la madurez en la fe de muchos laicos y laicas activos y entregados al Señor, al lado de catequistas, de tantos jóvenes...”. ¿Estaría el Papa pensando en las CEBs? En todo caso, esta expresión no se encuentra en ninguno de los discursos pronunciados por él en el Brasil.

 

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